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Por: J.C. Ryle

Leer: Juan 3: 9 -21

Estos versículos nos muestran el plan específico mediante el cual Dios ha proporcionado la salvación a los pecadores. Ese plan es la muerte expiatoria de Cristo en la Cruz. Nuestro Señor le dice a Nicodemo: “Como Moisés levantó la serpiente en el desierto, así es necesario que el Hijo del Hombre sea levantado, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna”.

Al decir “sea levantado”, nuestro Señor no se refería más que a su propia muerte en la Cruz. Quería que supiéramos que Dios había decretado esa muerte para que fuera “la vida del mundo” (Juan 6:51). Había sido decretado desde la eternidad que fuera la gran propiciación y satisfacción por el pecado del hombre. Sería el pago, por medio de un todopoderoso Sustituto o Representante, de la enorme deuda del hombre con Dios. Cuando Cristo murió en la Cruz, nuestros muchos pecados fueron depositados sobre Él. Fue hecho “pecado” por nosotros. Fue hecho “maldición” por nosotros (2 Corintios 5:21; Gálatas 3:13). Por medio de su muerte compró el perdón y la Redención absoluta de los pecadores. La serpiente de bronce que se levantó en el campamento de Israel puso la salud y la curación al alcance de todos los que habían sido víctimas de las mordeduras. De la misma forma, Cristo crucificado puso la vida eterna al alcance de toda la Humanidad perdida. Cristo ha sido levantado en la Cruz, y el hombre que mire a Él por fe, se salvará.

La verdad que tenemos ante nosotros es la mismísima piedra angular de la religión cristiana. La muerte de Cristo es la vida del cristiano. La Cruz de Cristo es la acreditación del cristiano para el Cielo. Cristo “levantado” y humillado en el Calvario es la escalera mediante la cual los cristianos “[entran] en el Lugar Santísimo” y llegan finalmente a la gloria. Es cierto que somos pecadores; pero Cristo ha sufrido por nosotros. Es cierto que merecemos la muerte; pero Cristo ha muerto por nosotros. Es cierto que somos deudores culpables; pero Cristo ha pagado nuestras deudas con su propia sangre. ¡Este es el verdadero Evangelio! ¡Estas son las buenas nuevas! Descansemos en esto mientras vivamos. Aferrémonos a esto al morir. Cristo ha sido “levantado” en la Cruz y ha abierto de par en par las puertas del Cielo para todos los creyentes.

*John Charles Ryle fue un obispo evangélico anglicano inglés. Fue el primer obispo anglicano de Liverpool y uno de los líderes evangélicos más importantes de su tiempo. 


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Un comentario en «Aferrémonos a esta verdad mientras vivamos – J.C. Ryle»
  1. Gracias por los mensaje de salvación que me envían. Dios es bueno que entrego a su hijo por nosotros los pecadores que merecemos el infiernos Dios les bendiga.

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