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Por: Aaron Sironi*

Título original en inglés: «Sexual Intimacy in Marriage: A Joint Trust».


Es asombroso que la iglesia de Corinto se armara de coraje para preguntarle a Pablo sobre sexo (algo tan personal y delicado). Es algo que es universalmente difícil de hablar, aún más tratarlo en la carta de un apóstol. Es incluso más sorprendente que preguntaran sobre matrimonios sin sexo, a lo que Pablo responde: «no se priven el uno del otro, excepto de común acuerdo y por cierto tiempo, para dedicarse a la oración […] (1Co 7:5).

Nuestras mentes modernas podrían reaccionar a esta afirmación de una de estas tres maneras 

  1. «¿Acaso la mayoría de las personas no sabe que la intimidad sexual es buena dentro del contexto de un matrimonio amoroso? ¿Realmente Pablo necesita recordarles a las parejas que deben priorizarlo?». 
  2. «Oh, genial. Ahora siento que soy una decepción para mi cónyuge y para Dios».
  3. ¿Cuántas veces este versículo ha sido usado de mala forma para condenar y obligar a un cónyuge reacio a tener relaciones sexuales más seguido?». 

Pablo también se consternaría al saber cómo algunos han manejado este versículo de maneras egoístas.

No obstante, las palabras y el tono reales de Pablo son sorpresivamente hermosos. Cuatro veces en estos breves versículos (1Co 7:1-7), Pablo presenta una visión de mutualidad radical e igualdad sexual en el matrimonio. Su visión era un tanto atrevida y desafiante para el primer siglo y lo sigue siendo hoy. Él retrata la intimidad sexual como un don preciado para quienes están casados —una especie de fideicomiso conjunto (más parecido a un patrimonio financiero)—. No es un derecho o algo que exigir, más bien es algo que administrar y atender juntos para el beneficio de ambos cónyuges. El énfasis de Pablo no está en lo que se «adeuda». Su énfasis no está en la posesión del cuerpo de uno de parte del otro cónyuge, sino que en su autoridad y sumisión mutua el uno al otro. Él ve el sexo no como un derecho marital per se, sino como una responsabilidad, algo preciado que administrar y guardar como pareja, y en lo cual invertir cuidadosamente a lo largo del tiempo.

Piensa en ello como una cuenta de ahorros bipersonal. El dinero en la cuenta les pertenece a ambos cónyuges. No es «el dinero de ella» ni «el dinero de él». Es «nuestro dinero» que debemos cuidar y hacerlo crecer en el tiempo. Aun si uno de los cónyuges contribuye más a la cuenta, sigue siendo «nuestra cuenta de ahorros» y beneficia a ambos.

Pablo obtiene esta visión de la mutualidad sexual e igualdad en el matrimonio de Cantar de los cantares. La poesía romántica del Cantar pone la bondad y la belleza de la intimidad sexual en exhibición como ningún otro libro de la Biblia. El deseo y la iniciativa sexual fluyen con fuerza tanto del hombre como de la mujer a lo largo de Cantares. Cada uno está cautivado por el otro. 

El Cantar describe la intimidad física de dos maneras. Es un jardín privado que provee fruta saludable y aromas atractivos para el disfrute de la pareja. También es un manantial —un pozo de agua que brota— que entrega refresco y vida a su relación. ¡Imagina el impacto de esas metáforas en una tierra como Israel donde las precipitaciones son escasas! Dios creó la intimidad sexual para que sea como un oasis en tierra seca, proveyendo alimento y nutrición para la vida de una pareja. Y es su trabajo protegerla y cuidarla.

No obstante, a pesar de la belleza del diseño, cultivar una intimidad sexual puede ser desafiante y se descuida demasiado a menudo. Algunas parejas escogen dormir por sobre el sexo. El ritmo de la vida y el estrés de los malabares para guiar la familia y las responsabilidades del trabajo duro pueden lentamente corroer el deseo romántico. Otras parejas se separan y su interés sexual es ahogado por conflictos no resueltos o frustración crónica. Incluso otros han entretenido sus intereses sexuales con la pornografía y las novelas románticas. La fantasía y el escape son más fáciles que una intimidad auténtica y que se consigue con esfuerzo.  

La relación sexual de una pareja a menudo es el barómetro de asuntos más profundos que requieren atención. Si tu matrimonio está luchando de esta manera, necesitas saber que ante todo es posible crear una relación sexual saludable y nutritiva. Muchas parejas, casadas por décadas, describen su relación sexual como una parte mutuamente disfrutable y regular de sus vidas juntos. Es algo que han priorizado y en lo que han trabajado en el tiempo.

Sin embargo, para cultivar una relación sexual cada vez mayor, necesitas la capacidad de hablar constructivamente sobre sexo, lo que, tal vez, sea la conversación más desafiante entre cónyuges. Y necesitas hablar de las cosas correctas. En lugar de quedarse pegados en discrepancias sobre cuán frecuente deben ser sexualmente activos, enfóquense en lo que es más importante: sus diferencias en cómo funciona el deseo sexual.

Este es un tema fundamental que hay que entender y ser capaces de hablar al respecto. Estas diferencias están presentes en la mayoría de los matrimonios y no son insuperables. Puede ser útil entender el deseo sexual como algo espontáneo o sensible. Hay cónyuges para quienes el deseo sexual es fácil de despertar (deseo espontáneo), pero muchos otros requieren más esfuerzo intencionado y anticipación (deseo reactivo). Saber y enfrentar estas diferencias juntos es una manera poderosa de mejorar la intimidad.

Esto es normal e incluso saludable. Sigue el consejo de la Escritura y piensa en ello como un jardín. Algunas plantas requieren más agua, otras menos. Algunas florecen bajo la sombra, otras necesitan sol directo. Cada cónyuge es el jardinero del otro y deben saber lo que se necesita y cuándo. El jardín no florecerá si los jardineros no están conscientes y listos para ofrecer el cuidado adecuado. Es esencial para cada cónyuge entender cómo funciona el deseo sexual para el otro y debe hacer esfuerzos intencionados para atender su jardín sexual con esta comprensión.  

Usar una metáfora de jardín puede ayudar a comenzar esta conversación desafiante. No obstante, ninguna metáfora es útil si la conversación se basa en la frustración, en el sentido de derecho o en el egoísmo. Recuerda, este es un patrimonio conjunto (algo preciado que administran juntos para la nutrición y el disfrute mutuo). Acércate a la conversación en oración, junto con las mismas líneas que Santiago y Pablo abordan conversaciones difíciles: 

Señor, hazme rápido para escuchar, lento para hablar y para enojarme. Que no hable nada desde la ambición egoísta ni vanidad arrogante; sino que, en humildad, alinee mis intereses sexuales con tus intenciones para la intimidad sexual y miremos no sólo mis propios intereses, sino que los intereses de mi cónyuge. Amén. 

Este artículo fue traducido íntegramente con el permiso de The Christian Counseling & Educational Foundation (CCEF) por María José Ojeda, Acceso Directo, Santiago, Chile. La traducción es responsabilidad exclusiva del traductor. 


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