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Por: L.R. Shelton Jr

Este artículo forma parte de la serie «El cristino carnal»

Dice Romanos 8:5-9: “Porque los que son de la carne piensan en las cosas de la carne; pero los que son del Espíritu, en las cosas del Espíritu. Porque el ocuparse de la carne es muerte, pero el ocuparse del Espíritu es vida y paz. Por cuanto los designios de la carne son enemistad contra Dios; porque no se sujetan a la ley de Dios, ni tampoco pueden; y los que viven según la carne no pueden agradar a Dios. Mas vosotros no vivís según la carne, sino según el Espíritu, si es que el Espíritu de Dios mora en vosotros. Y si alguno no tiene el Espíritu de Cristo, no es de él”.

Lo primero que podemos afirmar sobre estos versículos es que no enseñan que el apóstol esté distinguiendo entre cristianos carnales y cristianos espirituales. ¡No! Está distinguiendo entre los regenerados y los no regenerados, los impíos y los justos, los salvos y los perdidos, los hijos del diablo y los hijos de Dios.

Muchos enseñan que estos versículos indican que hay cristianos carnales, cuya manera de vivir es habitualmente “según la carne”, y cristianos espirituales, cuya manera de vivir es habitualmente “según el Espíritu”. Según Romanos 8:3, 4 tal enseñanza es un error: “Dios, enviando a su Hijo en semejanza de carne de pecado”… ¿con qué propósito? “para que la justicia de la ley se cumpliese en nosotros”. ¿Y quiénes somos nosotros? Los que “no andamos conforme a la carne, sino conforme al Espíritu”. Es que la justicia de la ley se cumplirá en los hijos de Dios, pero esta es la razón por la cual Cristo murió y resucitó. Y vuelvo a preguntar: ¿En quiénes se cumple esta justicia? ¡Sólo en los que han nacido por el Espíritu de Dios y están en el Espíritu, viviendo según el Espíritu y no según la carne!

Lo repetimos: “Los que son de la carne piensan en las cosas de la carne; pero los que son del Espíritu, en las cosas del Espíritu” (Romanos 8:5). ¿Qué significa aquí la palabra “carne”? Significa la naturaleza humana caída, o sea la naturaleza humana como es antes de que el Espíritu Santo comience a obrar en una persona. Es el hombre solo: nacido, criado y desarrollado en la vida de este mundo, sin la actividad de Dios en su vida. Es dominado por la naturaleza que tenía cuando nació. Aquí dice que este hombre carnal “piensa en las cosas de la carne”. No es que piense en ellas de vez en cuando, sino que es su costumbre hacerlo, y su mente tiende a pensar en ellas. ¿Por qué? Porque son las cosas que más le gustan. Son las cosas que más le satisfacen, y, por lo tanto, son las cosas que busca con todo el corazón. Así que el que piensa en las cosas de la carne es el que no conoce a Dios ni a su Cristo; es el que tiene el entendimiento entenebrecido, y está alejado de la vida de Dios. En cambio, la tendencia y las costumbres de los hijos de Dios son procurar la justicia y la vida santa, por medio de la gracia de Dios.


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