No olvides compartir ...

Por: Thomas Watson

1 Samuel 15:22 Y Samuel dijo: ¿Se complace Jehová tanto en los holocaustos y víctimas, como en que se obedezca a las palabras de Jehová? Ciertamente el obedecer es mejor que los sacrificios, y el prestar atención que la grosura de los carneros.

No es suficiente con escuchar la voz de Dios. Debemos obedecerla. La obediencia forma parte de la honra que le debemos a Dios. Es la hermosura de un cristiano, nos hace preciosos para Dios, y nos convierte en uno de sus favoritos (ver Éxodo 19:5).

Los ingredientes de la obediencia

¿Qué ingredientes de nuestra obediencia la convierten en aceptable?

En primer lugar, ha de producirse libre y alegremente, sino será penitencia y no sacrificio. Los hipócritas obedecen a Dios con quejas y en contra de su voluntad. Caín trajo su sacrificio, pero no su corazón. La alegría muestra que existe amor en el deber.

La obediencia ha de ser devota y ferviente, no realizarla como un caracol, de manera aburrida y perezosa. Tal y como hierve el agua, el corazón debe hervir de ardiente emoción en el servicio de Dios. La obediencia sin fervor es como un sacrificio sin fuego. La oración de Elías trajo fuego del cielo porque enviaba fuego al cielo.

En tercer lugar, debemos obedecer todos los mandamientos de Dios. Los hipócritas obedecen en las cosas que requieren poco esfuerzo y elevan su reputación, dejando otras cosas sin hacer. Herodes escuchaba a Juan Bautista, pero no abandonaba su incesto.

En cuarto lugar, la obediencia ha de ser sincera. Debemos apuntar a la gloria de Dios en ella. El objeto de nuestra obediencia no debe ser acallar la conciencia o ganar aplausos, sino crecer en ser más como Dios.

La obediencia ha de ser constante. Es como el fuego sobre el altar, que siempre se mantenía encendido. La obediencia de un hipócrita solo es temporal, como un encalado que pronto se desgasta. Los mandamientos de Dios no son gravosos, y Él no ordena nada que no sea razonable (1 Juan 5:3). Obedecer a Dios no es tanto una obligación como un privilegio. Sus mandamientos llevan bendición en su boca. En cada mandamiento hay amor. Es como si un rey ordenase a sus súbditos a cavar en una mina de oro, y a que se queden ellos con el oro que encuentren.

*Thomas Watson. Predicador Puritano inglés, del que se ignora su genealogía y la fecha de su nacimiento. Estudió con ahínco en el Emmanuel College de la Universidad de Cambridge, llamada la “Escuela de los Santos”, porque allí recibió su educación universitaria un número elevado de los llamados Puritanos, o teólogos evangélicos reformados del siglo XVII


Siga leyendo …

Puedes seguirnos en WhatsApp, Instagram,Messenger,Facebook, Telegram o Youtube. También puede suscribirse a nuestro boletín por correo electrónico.


No olvides compartir ...

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

× Recibe nuestros artículos