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Por: Thomas Brooks

Este artículo forma parte de la serie: Enmudecido bajo la disciplina de Dios.

Dios nunca bendice el pecado

Consideren los cambios y medios pecaminosos que Dios siempre ha maldecido y arruinado.

1 Samuel 28:5-8 Al ver Saúl el campamento de los filisteos, tuvo miedo y su corazón se turbó en gran manera. Y Saúl consultó al Señor, pero el Señor no le respondió ni por sueños, ni por Urim, ni por profetas. Entonces Saúl dijo a sus siervos: «Búsquenme una mujer que sea adivina para ir a consultarla». Y sus siervos le dijeron: <<Hay una mujer en Endor que es adivina» Saúl se disfrazó poniéndose otras ropas y fue con dos hombres. Llegaron de noche a ver a la mujer, y él dijo: «Te ruego que evoques por mí a un espíritu, y que hagas subir al que yo te diga»

El lingote de oro de Acán no fue más que un lingote para cortarlo y sus mantos una mortaja para envolverlo. Acab compró una viña con la sangre del dueño, pero enseguida fue empapado con su propia sangre, conforme a la Palabra del Señor (cf. 1 R. 22:34:40). ¡Giezi quiso obtener un talento de plata y dos vestidos nuevos con una mentira, digo, con una mentira! Bien, los obtuvo, pero también obtuvo con ellos una lepra que se unió a él y a sus hijos para siempre (cf. 2 R. 5:22-27).

Con esas mismas manos que Judas tomó dinero para traicionar a su Señor, con esas mismas manos se puso una soga para ahorcarse. El glotón rico e impío comía suntuosamente y vivía opulentamente todos los días, pero la siguiente noticia que se oye de él es que estaba en el infierno clamando por una sola gota de agua, a quien no le importaba una migaja cuando estaba en la tierra. El carbón que el águila llevaba desde el altar hasta su nido, prendió fuego a todo.

Craso no disfrutó por mucho tiempo del fruto de su codicia, pues los Partos que lo capturaron le vertieron oro derretido en la garganta. Dionisio no disfrutó por mucho tiempo del fruto de su sacrilegio y tiranía, pues tuvo que cambiar su cetro por una férula y de ser rey a convertirse en maestro de escuela para sostenerse. ¡Ah, cristianos, cristianos! ¿Acaso no es mucho mejor enmudecer y guardar silencio bajo sus aflicciones que usar tales cambios y medios pecaminosos que Dios ciertamente arruinará y maldecirá?

Tomado del libro de Thomas Brooks “El cristiano enmudecido bajo la disciplina de Dios”, vea detalles del libro HACIENDO CLIC AQUÍ.

*Thomas Brooks (1608-1680): Predicador congregacional; autor de Preciosos remedios contra las artimañas de Satanás (Precious Remedies against Satan’s Devices). Lee más datos biográficos EN ESTE ENLACE.


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