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Por: John Piper.

Este artículo forma parte de la serie: Dios es soberano

El Altísimo da el reino a quien le place, incluso al más humilde de los hombres (Dn 4:17)

Nabucodonosor aprendería, al ser convertido en una bestia por su orgullo, el manejo providencial de Dios sobre cada reino. Usando las palabras del apóstol Pablo, “no hay autoridad sino de Dios, y las que existen, por Dios son constituidas” (Ro 13:1). El propio Jesús lo dejó claro en el poderoso testimonio de Su juicio. Pilato dijo: “¿No sabes que tengo autoridad para soltarte, y que tengo autoridad para crucificarte?”. Pero Jesús respondió: “Ninguna autoridad tendrías sobre Mí si no se te hubiera dado de arriba” (Jn 19:10-11). Así que, ya sea Pablo bajo el malvado Nerón o Jesús bajo el egocéntrico Pilato, el testimonio de la providencia de Dios sobre los gobernantes malvados se mantiene: no poseen autoridad alguna si esta no es concedida por Dios. El Altísimo da el reino a quien quiere:

Él es quien cambia los tiempos y las edades; Quita reyes y pone reyes (Dn 2:21).

[El SEÑOR] Engrandece las naciones, y las destruye; Ensancha las naciones, y las dispersa (Job 12:23).

Dios es el Juez; A uno humilla y a otro ensalza (Sal 75:7; cf. 2Cr 25:8).


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