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Por: Thomas Brooks

Este artículo forma parte de la serie: Enmudecido bajo la disciplina de Dios.

Consideren que es algo muy innoble e indigno ir a pecar para librarse de sus aflicciones y dificultades. Usar cambios viles para salir de sus aflicciones argumenta de un espíritu pobre, bajo, débil, miserable y cobarde. Hombres de espíritus nobles, valientes y magnánimos los desecharían y despreciarían (cf. Dn. 3:6, 8; He. 11:24). Como pueden ver en los tres hijos hebreos, David y los dignos en Hebreos 11, de los cuales «el mundo no era digno».

Jerónimo de Estridón (342-420) escribe sobre una mujer valiente que, estando en el potro de tortura, ordenó a sus perseguidores que hicieran lo peor, pues estaba decidida a morir antes que a mentir. El príncipe de Conde fue hecho prisionero por Carlos IX rey de Francia y sometido a que escogiera si ir a la misa católica, morir o sufrir prisión perpetua, y su noble respuesta fue que, con la ayuda de Dios, nunca elegiría la primera, y que dejaría a la voluntad del rey y a la providencia de Dios cualquiera de las otras dos cosas.

Un alma verdaderamente noble se separará antes de todo que de la paz de una buena conciencia. De ahí que el bendito John Hooper (1495- 1555) deseara más bien ser echado de su cargo en la iglesia que ceder a ciertas ceremonias no bíblicas. He leído de Marcus Arethusus, un eminente siervo del Señor en la obra del evangelio, que en el tiempo de Constantino había sido la causa de que se derribara un templo de ídolos, pero Juliano, que llegó a ser emperador, ordenó a la gente de ese lugar que lo reconstruyera. Todos estaban dispuestos a hacerlo, pero él se negó.

Entonces su propio pueblo, a quienes había predicado, se abalanzó sobre él, lo despojaron de toda su ropa, abusaron de su cuerpo desnudo y fue entregado a los niños y a los escolares para que lo hirieran con sus navajas. Y cuando todo esto no le hizo cambiar de opinión, lo ataron, derramando miel sobre todas las partes de su cuerpo desnudo, para que fuera mordido y picado hasta morir por las moscas y avispas, mientras se cocinaba bajo el sol. ¡Toda esta crueldad ellos ejercieron sobre él porque no quiso dar nada para la reconstrucción de ese templo de ídolos!

Es más, fueron a tal punto que, si solamente daba medio penique para el templo, lo soltarían. Pero lo rechazó con un noble desdén cristiano, aunque haber dado medio penique podría haberle salvado la vida. Y al proceder de esa manera, no hizo más que vivir de acuerdo con ese noble principio que muchos encomian, pero que pocos practican, a saber: que los cristianos deben escoger sufrir el peor de los tormentos antes que cometer el menor de los pecados, por los cuales Dios es deshonrado, Su nombre blasfemado, la verdadera religión reprochada, la profesión despreciada, los santos débiles desanimados, las conciencias de los hombres heridas y sus almas puestas en peligro.

Ahora díganme, cristianos, ¿acaso no es mejor guardar silencio y enmudecer bajo sus pruebas y aflicciones más dolorosas que pecar para librarse de ellas, y así proclamar a todo el mundo que ustedes son personas de espíritus muy bajos, pobres e innobles?

Tomado del libro de Thomas Brooks “El cristiano enmudecido bajo la disciplina de Dios”, vea detalles del libro HACIENDO CLIC AQUÍ.

*Thomas Brooks (1608-1680): Predicador congregacional; autor de Preciosos remedios contra las artimañas de Satanás (Precious Remedies against Satan’s Devices). Lee más datos biográficos EN ESTE ENLACE.


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