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Por: John MacArthur

Este artículo forma parte de la serie: «Devocional Acércate a Dios«

«Pablo y Timoteo, siervos de Jesucristo» (Filipenses 1:1).

A parte del Señor, Pablo es quizás la mejor ilustración de que el gozo no tiene relación alguna con las circunstancias.

El apóstol les escribió a los filipenses desde una celda, ya que estaba en prisión; sin embargo, les habló del gozo y el contentamiento. La vida del apóstol estaba llena de dificultades y situaciones amenazantes (2 Corintios 11:23-33). En efecto, el Señor, poco después de enfrentarlo en el camino a Damasco, dijo: «instrumento escogido me es éste [Pablo], para llevar mi nombre en presencia de los gentiles, y de reyes, y de los hijos de Israel; porque yo le mostraré cuánto le es necesario padecer por mi nombre» (Hechos 9:15-16). Sin embargo, en cada situación que enfrentaba, Pablo hallaba una causa de regocijo.

Su imperioso deseo de exaltar a Cristo lo llevó a soportar un juicio tras otro. Cuando Cristo fue exaltado, Pablo se regocijó. Eso fue evidente en Filipos, donde después de un breve ministerio en el que Dios redimió a una empresaria llamada Lidia y expulsaron demonios de una esclava, Pablo y Silas fueron acusados falsa e injustamente, golpeados y arrojados a la prisión. Ni eso sofocó su gozo, ya que «a medianoche, orando Pablo y Silas, cantaban himnos a Dios; y los presos los oían» (Hechos 16:25).

Eso fue un testimonio tan poderoso del gozo del Señor que poco después el carcelero, y toda su familia, creyeron en el evangelio y fueron salvos. Aun cuando el encarcelamiento impidió que Pablo ministrara tan eficazmente como deseaba y aunque otros usurparon su apostolado, predicando a Cristo por envidia y contienda, el apóstol permaneció impávido (Filipenses 1:18). Sus circunstancias eran secundarias ante la prioridad de exaltar a Cristo.

¿Es esa tu perspectiva? ¡Puede ser! Si tu prioridad es exaltar a Cristo en cada circunstancia, cualquier cosa que promueva ese propósito te dará gozo.

Sugerencias para la oración: Pídele al Señor que te ayude a mantener la

prioridad de exaltar a Cristo en cada área de tu vida. Si sientes envidia o resentimiento por otros que proclaman el evangelio (Filipenses 1:15-17), confiésalo y aprende a regocijarte cada vez que Cristo sea exaltado.

Para un estudio más profundo: Lee Éxodo 15:1-21 y el Salmo 99. ¿Qué hicieron Moisés, María y el salmista para exaltar al Señor?


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