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Por: Paul D. Tripp.

Este artículo forma parte de la serie: «Nuevas Misericordias cada mañana» de Paul D. Tripp

El problema es el corazón. Las personas o las situaciones no son la causa de mi pecado; son el lugar donde el pecado de mi corazón es revelado.

Si le preguntas a un niño por qué le pegó a su hermana, no te dirá que lo hizo por el pecado en su corazón. No, te dirá: “Ella me estaba molestando”. Si le preguntas a un adolescente por qué llegó tan tarde, no se hará responsable de ello. Te contará una larga historia sobre el accidente en el camino, luego sobre el tren que se interpuso, y después de la inundación de la calle por la que generalmente transita.

Si le preguntas a un padre por qué está tan enojado todo el tiempo, no te dirá que es por el egoísmo y la impaciencia en su corazón. No, te dirá que es por los niños; simplemente lo vuelven loco. Si le preguntas a la madre soltera por qué está tan triste y angustiada, no te dirá que es debido a los celos en su corazón. Te explicará cómo su vida ha sido tan dura. Si le preguntas al anciano por qué es tan irritable, no te dirá que es debido a la amargura que ha acaparado su corazón. No, te hablará de todas las ocasiones en su vida cuando no recibió lo que él creía que merecía. En ocasiones pienso que nadie cree en la verdad bíblica de que el pecado brota del corazón. Cuando hacemos algo malo, todos tendemos a buscar la causa afuera de nosotros: “Ese tráfico me irrita tanto”, “Ella me encoleriza”, “Mi jefe provoca lo peor en mí”.

Esto es una herejía sutil y cómoda. Se siente bien pensar que tus mayores problemas en la vida existen fuera de ti y no dentro tuyo, pero el problema es que eso no es verdad. Jesús destruyó esa perspectiva autocompasiva del comportamiento humano en el Sermón del Monte: “Ustedes han oído que se dijo a sus antepasados: ‘No mates, y todo el que mate quedará sujeto al juicio del tribunal’. Pero yo les digo que todo el que se enoje con su hermano quedará sujeto al juicio del tribunal […] Ustedes han oído que se dijo: ‘No cometas adulterio’. Pero yo les digo que cualquiera que mira a una mujer y la codicia ya ha cometido adulterio con ella en el corazón” (Mateo 5:21, 27).

El pecado es un asunto del corazón antes de ser un asunto de la conducta. Esto significa que tu problema más grande en la vida existe dentro de ti, no afuera. Es el maligno en mí que me conecta con el maligno fuera de mí. Debo confesar entonces que yo soy mi mayor problema. Y si confieso eso, estoy diciendo que no necesito ser rescatado de personas o de situaciones. Necesito desesperadamente de la gracia que puede rescatarme de mí mismo. Puedo evadir personas y situaciones, pero no tengo el poder de escapar de mí mismo. Es por esto que David oró en el Salmo 51 que Dios creara en él un corazón limpio. La gracia de Dios es gracia para el corazón, y esas son muy buenas noticias.

Para profundizar y ser alentado: Santiago 4:1-10

Fragmento tomado del Devocional «Nuevas Misericordias Cada Mañana por Paul D. Tripp» de Paul D. Tripp, para información sobre el libro y cómo obtenerlo, HAGA CLIC AQUÍ.


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