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Por: CHRIS POLSKI*

El año pasado, cuando mi hijo fue a la universidad, le regalé una de mis pertenencias terrenales más preciadas: la Biblia que utilicé desde que estaba en la secundaria hasta que cumplí casi cincuenta años.

Esa Biblia pasó por al menos dos reencuadernaciones, y la mayoría de sus páginas estaban arrugadas, desgastadas o manchadas de café. Algunas estaban incluso parcialmente rotas. Contenía casi tres décadas de marcas y notas tomadas en sermones, estudios bíblicos y devociones personales. Tal vez lo más interesante eran las docenas y docenas de notas adhesivas que pegaba en las páginas cuando daba breves devocionales o prédicas. Algunas tenían más de veinte años, y se remontaban a cuando era ministro de jóvenes.

Le regalé esta Biblia a mi hijo por dos razones. En primer lugar, quería que se llevara una Biblia física a la universidad. En segundo lugar, quería que experimentara, a través de todas las pistas visuales, una Biblia completamente usada, una especie de testimonio generacional de la importancia de guardar la fe.

¿Siguen teniendo valor las biblias físicas?

Recientemente, los ancianos de nuestra iglesia tuvieron una interesante conversación sobre las biblias físicas. Como en muchas iglesias, hemos notado una creciente tendencia de las personas a usar biblias en sus teléfonos o a simplemente no traer una Biblia a la iglesia. Esto es especialmente notorio en las generaciones más jóvenes.

Al principio, la conversación se centró en la compra de más biblias para las sillas, de modo que hubiera ejemplares fácilmente accesibles en todas las filas de nuestra iglesia. Pero a medida que la conversación evolucionaba, empezamos a considerar las consecuencias no deseadas de esta medida: enviar la señal de que no esperamos que los asistentes traigan sus propias biblias físicas a la iglesia. Por supuesto, también consideramos la necesidad de tener biblias para aquellos que no tienen una o que no son cristianos.

Al final, nuestros ancianos decidieron proporcionar más biblias en las sillas a la vez que exhortarían a las personas a traer sus biblias a la iglesia. Estamos agradecidos de que la Palabra de Dios sea fácilmente accesible por medios electrónicos, y casi todos nosotros utilizamos versiones electrónicas de la Biblia con regularidad. Pero sostener una Biblia física en el regazo durante el culto tiene ventajas únicas.

1. Crea una memoria visual de los textos de las Escrituras.

Después de usar la misma Biblia durante décadas, puedo visualizar en qué parte de una página se encuentra un pasaje bíblico significativo. Incluso cuando no recuerdo la referencia exacta, sé que si escudriño las páginas de mi Biblia, al final encontraré esa sección resaltada en rosa con varias notas en la esquina inferior izquierda de la página, en algún lugar del Pentateuco.

2. Permite la exploración curiosa mientras se escucha un sermón.

Sostener la Biblia en el regazo mientras el predicador expone un texto tiene ventajas evidentes para seguir el sermón. Pero también ofrece la oportunidad de que el Espíritu te impulse a leer secciones de la página que no se están predicando o a buscar un versículo con referencias cruzadas, creando conexiones interesantes con el texto más amplio.

3. Limita las distracciones de los dispositivos móviles.

Tener una Biblia física en nuestras manos nos da algo sólido que sostener y reduce drásticamente la tentación de pasar el dedo de nuestra aplicación de la Biblia al correo electrónico o a los últimos resultados deportivos.

4. Proporciona un lugar duradero para escribir y guardar notas.

Las columnas de nuestras biblias son un espacio ideal para escribir notas o ideas interesantes de predicadores, maestros de la Biblia e incluso de nuestra propia mente mientras escuchamos la proclamación de las Escrituras. Algunas biblias se publican con márgenes amplios para facilitar la toma de notas.

5. Señala el valor de las Escrituras a la siguiente generación.

En una cultura que siempre busca lo nuevo y lo inmediato, hay algo redentor y subversivo en mantener abierto un libro antiguo cada domingo por la mañana. Para los jóvenes que se sientan a nuestro alrededor en nuestros santuarios, este acto aparentemente sencillo envía una señal tangible de valor perdurable.

6. Crea un recuerdo espiritual para la siguiente generación.

Leer y estudiar con regularidad la misma Biblia física crea un recuerdo vivo que podemos pasar a alguien de nuestra familia que puede continuar la labor que empezamos. Si el Señor quiere, él o ella la pasarán a la siguiente generación.

Puede que le haya dado mi desgastada Biblia a mi hijo, pero mientras escribo, estoy mirando una edición de 1914 del Nuevo Testamento griego con el nombre del bisabuelo de mi esposa escrito en la cubierta interior. Contiene en su interior anotaciones suyas sobre las maravillas del evangelio. Esta Biblia también ha sido muy maltratada, las páginas apenas se mantienen unidas y la encuadernación está deteriorada. Pero estas huellas atestiguan que la fe que profesamos como familia estuvo presente hace generaciones, y me recuerdan que la forma en que vemos nuestras biblias hoy puede tener consecuencias generacionales.

Publicado originalmente en The Gospel CoalitionTraducido por Eduardo Fergusson.

Chris Polski es el pastor principal de la Trinity Church Kirkwood (PCA), fundador de Trinity Pastoral Succession Planning e instructor visitante de teología aplicada en el Covenant Theological Seminary.


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