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Soraya Nárez, una exmiembro de los Testigos de Jehová, ha lanzado su primer libro titulado «No somos parte del mundo», en el que narra las secuelas de haber crecido bajo las estrictas normas de esta secta religiosa. A través de su obra, publicada por Ediciones B de Penguin Random House, Soraya expone el dolor y las dificultades que enfrentó, especialmente después de ser expulsada de la organización.

Soraya, quien vivió bajo las directrices de los Testigos de Jehová hasta los 25 años, comparte cómo la influencia de publicaciones y ancianos, moldearon todos los aspectos de su vida. «Aún me cuesta confiar en mi experiencia y tomar decisiones», confiesa en una entrevista, destacando que sigue trabajando para validar su propio entendimiento.

La motivación para escribir el libro surgió después de ver a un representante de los Testigos de Jehová en televisión, quien minimizó el trato dado a los expulsados como algo «meramente personal». Indignada por esta afirmación, Soraya decidió contar su historia para demostrar que las dolorosas experiencias que vivió no eran aisladas, sino resultado de normas sectarias.

En «No somos parte del mundo», Soraya incluye seis páginas de bibliografía con artículos y publicaciones oficiales de la organización, como La Atalaya y ¡Despertad!, para respaldar su relato. El proceso de escribir el libro fue tan intenso que requirió ayuda psicológica para lidiar con la obsesión de revisar y revalidar la información.

Soraya describe cómo su vida fue controlada por la organización desde su infancia, impidiéndole hacer amigos fuera de la comunidad o celebrar su cumpleaños.

El libro también aborda temas delicados como la desaconsejación de estudios universitarios, el alejamiento de la política y la existencia de comités judiciales internos. Además, Soraya denuncia los supuestos encubrimientos de abusos sexuales dentro de la organización.

El momento más doloroso para Soraya fue su expulsión, que la aisló de su padre y su círculo cercano. Aunque su madre y hermana también dejaron la organización, su padre rompió todo contacto al ver una foto de un árbol de Navidad en su casa. Actualmente, Soraya vive en Inglaterra, donde ha comenzado a reconstruir su vida, aunque reconoce que aún enfrenta desafíos, como el miedo a las transfusiones de sangre.

Soraya se muestra esperanzada de que su testimonio y el trabajo de la Asociación Española de Víctimas de los Testigos de Jehová contribuyan a cambiar las normas de la secta. Recientemente, una jueza emitió dos sentencias que permitieron a la asociación cuestionar públicamente las prácticas de los Testigos de Jehová, calificándolos como una «secta extremista y destructiva». Este fallo ha dado a Soraya «muchísima tranquilidad» y le ha hecho sentirse «escuchada y apoyada».

Aunque tiene la esperanza de que su libro pueda llegar a su padre y abrirle la mente, Soraya sabe que la secta probablemente lo verá como un ataque que refuerza su creencia de ser la religión verdadera. Sin embargo, sigue adelante con la voz temblorosa pero firme, decidida a compartir su verdad.


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