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Por: Charles Stanley

Job 42.1-16

Al final del libro de Job, Dios concede la paz a su siervo y restaura con creces su prosperidad. Vemos que el Señor le había estado prestando atención todo el tiempo, incluso cuando parecía lo contrario. Por las preguntas de Job, somos testigos de la fidelidad del hombre al acudir a Dios con sus dudas. Pero más que eso, vemos la fidelidad de Dios al responder a esas preguntas con su presencia.

La historia de Job plantea una pregunta interesante: cuando pedimos a Dios que nos responda, ¿nos contentamos con que nos responda solo con Él mismo? Es fácil caer en la trampa de creer que Dios no nos ha respondido a menos que recibamos todo lo que hemos pedido. Pero el ejemplo de Job nos enseña que la manera como reaccionemos cuando nos sintamos ignorados por Dios, es la evidencia de nuestra fe.

Ya sea que el Señor responda de manera directa o no a nuestras preguntas, ¿qué podemos aprender sobre su carácter? Simplemente lo que Job aprendió: “Yo conozco que todo lo puedes, y que no hay pensamiento que se esconda de ti” (Job 42.2), una verdad reafirmada por el ángel Gabriel en Lucas 1.37.

Dios nunca está ausente, nunca se siente abrumado o impotente. Aunque podemos perder de vista esta verdad, debemos recordar que cuando sufrimos Él está con nosotros.

Biblia en un año: SALMOS 90-94


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