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Por: Charles Stanley

Dios no nos ha dado un espíritu de timidez, sino de poder, de amor y de dominio propio. 2 TIMOTEO 1.7, NVI

Con suficiente presión y desilusiones, la pasión que usted siente por Dios puede disminuir. El apóstol Pablo entendió que Timoteo se hallaba en ese peligro. La persecución contra los creyentes era rampante y los maestros falsos estaban infiltrándose en la iglesia de Timoteo, causando una división terrible. Bajo tal estrés, cualquiera puede cansarse, desanimarse, volverse descreído e incluso cuestionar si los esfuerzos por servir al Señor han sido en vano.

No obstante, Pablo le enseñó a Timoteo cómo mantenerse fuerte, y usted también puede beneficiarse de su consejo (2 Timoteo 1.3–14). ¿Cómo? Primero, reconozca que está atravesando dificultades. Segundo, haga lo que hacía cuando en realidad se sentía apasionado por Dios: estudie su Palabra, alabe al Señor, ejerza sus dones y tenga comunión con creyentes que le animen. Tercero, arrepiéntase de cualquier pecado, admitiendo que necesita a Dios y quiere vivir de una manera que lo honre.

Como Timoteo, avive su pasión por Dios y eche mano del Espíritu de amor, poder y disciplina que se le ha dado. Él no solo restaurará su fuego espiritual, sino que le convertirá en una luz brillante para un mundo que desesperadamente necesita a Dios.

Señor, te amo. Por favor, restáurame el gozo de tu salvación y mi pasión por tu presencia. Amén.


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