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Por: Charles Spurgeon

¿Cómo puede el joven llevar una vida íntegra? Viviendo conforme a tu palabra. Yo te busco con todo el corazón; no dejes que me desvíe de tus mandamientos. SALMOS 119:9-10

Una y otra vez te hemos hablado de la preciosa sangre de Cristo que

limpia de todo pecado y de las bendiciones que Jesús te trae cuando se convierte en tu Salvador. Pero también estamos obligados a recordarles a todos ustedes, que profesan haber creído en él y haberse convertido en sus discípulos, que no solo deben tenerlo como su Maestro y Señor, sino que deben hacer cualquier cosa que él les ordene. La fe debe obedecer a la voluntad del Salvador así como confiar en su gracia.

Desde el momento en que nos convertimos en cristianos, salvados por Cristo, nos convertimos en sus siervos para obedecer todos sus mandamientos. Por

lo tanto, nos corresponde escudriñar las Escrituras para conocer cuál es la voluntad de nuestro Maestro. Ahí él la ha escrito en letras claras y es un acto de desobediencia descuidar esta búsqueda.

Al rehusarnos conocer cuál es la voluntad del Señor, el pecado de ignorancia se vuelve voluntarioso porque no usamos los medios mediante los cuales pudiéramos recibir instrucción. Cada siervo de Cristo está obligado a saber lo que tiene que hacer y entonces, cuando lo sepa, debe hacerlo de una vez. El primer negocio del hombre cristiano es conocer la voluntad de Cristo y el segundo, hacerla. Una vez aprendido esto, esa voluntad es la ley suprema del cristiano no importa lo que parezca oponérsele.


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