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Por: John Piper.

Este artículo forma parte de la serie: Dios es soberano

EL MAYOR BIEN LLEGÓ A TRAVÉS DE LA PROVIDENCIA SOBRE GOBERNANTES MALVADOS

Sin la providencia de Dios sobre las autoridades malvadas, no habría evangelio. El asesinato del Hijo de Dios es fundamental para proveernos salvación. Cristo no murió al azar. Su muerte fue planeada. Su muerte fue una burla de la justicia orquestada por Dios, con la que Sus enemigos esperaban deshacerse de Su influencia. Pero en todo ese pecado e injusticia, la providencia perseguía la salvación de los que tramaron Su muerte —y de millones más que no la merecen—. No habría salvación sin este tipo de muerte planeada y orquestada por Dios.

En el plano meramente humano, la muerte de Jesús se debió a un rey malvado, a un gobernador oportunista, a unos soldados brutales y a una turba sedienta de sangre. Pero todos ellos actuaron de acuerdo con una providencia perfectamente sabia, justa y bondadosa:

Porque en verdad, en esta ciudad se unieron tanto Herodes como Poncio Pilato, junto con los gentiles y los pueblos de Israel, contra Tu santo Siervo Jesús, a quien Tú ungiste, para hacer cuanto Tu mano y Tu propósito habían predestinado que sucediera (Hch 4:27-28).

La clase de providencia omnipresente sobre los corazones de reyes malvados que hemos visto en el Antiguo Testamento, es la clase de providencia a la que debemos nuestra esperanza de perdón de pecados y vida eterna.


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