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Por: Max Lucado

Con el juicio con que juzgáis, seréis juzgados, y con la medida con que medís, os será medido. Mateo 7.2

Condenamos a un hombre por dar tropezones esta mañana, pero no vimos los golpes que recibió ayer. Juzgamos a una mujer por la cojera en su caminar, pero no vemos la tachuela en su zapato. Nos burlamos del temor que se refleja en sus ojos, pero no tenemos idea de cuántas piedras han esquivado ni cuántos dardos han evadido.

¿Hacen demasiado ruido? Quizá temen que no se fijen en ellos otra vez. ¿Son muy tímidos? Tal vez temen fracasar de nuevo. ¿Demasiado lentos? Quizás cayeron la última vez que anduvieron deprisa. Uno no sabe. Solo quien siguió sus pasos ayer puede ser su juez.

No solo ignoramos lo que sucedió ayer; sino también lo que ocurrirá mañana. ¿Nos atrevemos a juzgar un libro cuyos capítulos están aún por escribirse? ¿Rendimos un veredicto sobre una pintura mientras el artista aún tiene el pincel en la mano? ¿Cómo vamos a vetar un alma mientras la obra de Dios no está completa?

«El que comenzó en vosotros la buena obra, la perfeccionará hasta el día de Jesucristo» (Filipenses 1.6).

Tomado de «En Manos de la Gracia«



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