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Por: R. C. Sproul.

Este artículo forma parte de la serie «Qué buena pregunta«

¿Hace alguna diferencia si en un día oro cinco minutos, cincuenta minutos, cinco horas o incluso más? ¿Hace alguna diferencia si ora una sola persona, cincuenta o quinientas?

Hace años, cuando estaba en el seminario, me angustié un poco cuando uno de los profesores del Nuevo Testamento usó el Padre Nuestro como modelo. Dijo: “Aquí Jesús nos está dando una oración. Dice: ‘Ora de la siguiente manera.’” Dijo que, en promedio, orar el Padre Nuestro toma dieciocho segundos, y que nuestras oraciones no deberían ser largas, prolongadas y elaboradas, sino muy breves y directas. Uno de los propósitos de darnos el Padre Nuestro era decirnos que no necesitábamos darle a Dios un informe detallado de todo lo que había en nuestra mente, y que dieciocho segundos ya era un lapso suficientemente prolongado que ocupar en el tiempo de la Deidad. Uno de los estudiantes levantó inmediatamente su mano y dijo: “Pero, Profesor, las Escrituras nos dicen que Jesús, antes de seleccionar a sus discípulos, oró toda la noche,” a lo cual el profesor respondió en forma algo cínica: “Bueno, usted no es Jesús.”

No creo que podamos establecer una regla señalando cuánto tiempo deberíamos ocupar en la oración. Sin embargo, la gente con una rica vida de oración tiene la tendencia a no orar superficialmente. El testimonio de las diferentes épocas muestra que aquellos que oran y luchan con Dios en oración tienden a pasar más de dieciocho segundos (y más de cinco minutos) sobre sus rodillas. Lutero solía decir que cuando tenía un día ocupado, se levantaba una hora más temprano para entregarse a la oración, y si tenía un día realmente pesado, se levantaba dos horas más temprano para asegurarse de comenzar con dos horas de oración. No digo que Lutero sea el ejemplo que toda persona debería seguir. Si tenemos presente que la oración no es solamente un ejercicio, sino un tiempo pasado en la presencia de Dios, aprendiendo sobre Dios y sobre nosotros mismos, entonces se entenderá que cualquier creyente serio querrá pasar mucho tiempo en oración. Para alguien, mucho tiempo podrán ser quince minutos dependiendo de su nivel de crecimiento y de su llamado; para otra persona, puede ser un día entero o incluso más.

¿Es más efectiva la oración cuando hay más gente orando por lo mismo? Santiago 5:13-18 nos recuerda la eficacia de un solo hombre. Allí usa a Elías como su ejemplo. Solo aquel hombre detuvo el agua por tres años y medio a través de su ardiente oración, siendo un hombre justo. Me gusta que ciertas personas oren por mí, personas de las cuales sé que son guerreros de oración. Un anciano que acostumbraba orar por nosotros era un misionero retirado, con más de ochenta años. Ya no estaba en condiciones físicas como para continuar con las rigurosas actividades del campo misionero, pero no quería retirarse por completo. Todos los días se entregaba a la oración durante ocho horas. Ahora bien, ese hombre realmente sabía orar, ¡y yo quería que él orara por mí! Si hubiera podido encontrar otros cinco como él, los hubiera agregado también. Me gusta contar con todo el apoyo que me sea posible. No sé si Dios cuenta las narices cuando escucha las oraciones, pero hay un valor, que obviamente se deduce de las Escrituras, en la oración colectiva, en la cual los creyentes oran unánimemente. Los discípulos se reunieron en el aposento alto y oraron juntos, elevando una petición colectiva a Dios. Yo diría, entonces, que tal como hay sabiduría en una multitud de consejeros, hay una mayor eficacia cuando movilizamos nuestras oraciones juntos

Tomado de ¡Qué buena pregunta! Copyright © 1996 por R.C. Sproul.  


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