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Por: George Müller (1805 – 1898)

Este artículo forma parte de la serie «Lecturas devocionales de George Muller«

“Pidan, y se les dará; busquen, y encontrarán; llamen, y se les abrirá. Porque todo el que pide, recibe; el que busca, encuentra; y al que llama se le abre.” MATEO 7:7-8

Nuestro Padre Celestial ama a todos sus hijos con infinito amor. O sea, que Él ama aún al más débil de sus hijos con el mismo amor con que ama a su Hijo unigénito. Por causa de este infinito amor y conociendo de antemano cuán variadas e innumerables serían las pruebas, dificultades, aflicciones y tentaciones de sus hijos mientras pasan por este valle de lágrimas, Dios en su gracia hizo abundante provisión para ellos y les dio preciosas y alentadoras promesas relacionadas con la oración. Si llevarán estas pruebas y dificultades a su Padre Celestial, y procuraran su fuerza, su consejo y su guía; si actuaran según ese amoroso consejo dado en las Escrituras: “Depositen en Él toda ansiedad, porque Él cuida de ustedes” (1 Pedro 5:7), la posición de la mayoría de los creyentes sería muy diferente de lo que es.

El Padre ama a sus hijos con el mismo amor con que ama a su Hijo unigénito. Digámoslo otra vez. Nuestro precioso Señor Jesucristo nos ama con el mismo amor con el cual lo ama el Padre. ¿Lo creemos? A muchos les parecerá extraña la afirmación de que el Padre Celestial ama a sus hijos con el mismo amor con el que ama a su Hijo unigénito, y que el Señor Jesús ama con ese mismo amor, aun al más endeble y débil de todos sus hijos. No obstante, esta afirmación suya está clara en Juan 15:9 y 17:23. Nuestro precioso Señor Jesús, quien nos ama con tal amor, soportó las mismas pruebas, dificultades y tentaciones que sufrimos nosotros mientras estuvo en este mundo. Él fue menospreciado y depreciado; el Bendito Hijo de Dios no tuvo donde reclinar su cabeza, y mientras caminó en esta tierra fue tentado en todo, como nosotros, pero sin pecado.

Conociendo la posición de sus discípulos en este mundo, les dio la preciosa promesa de que Él llevaría sus cargas y lo tendrían a la mano, siempre listo para ayudarles en tiempos de dolor, debilidad y aflicción, y en toda clase de situaciones y circunstancias que enfrentaron mientras estuvieran en el cuerpo.

Señor Jesús, dijiste que me amas como el Padre te ama a Ti. A veces se me hace difícil imaginar tal cosa, pero hoy deseo permanecer en tu amor. Te agradezco Tu respuesta a cada una de mis oraciones, y ahora vengo de nuevo a Ti. Amén.

*George Müller (1805 – 1898)fue un predicador y misionero inglés nacido en rusia, destacado por su obra en favor de los niños desamparados. Supervisó la construcción de cinco grandes orfanatos-que aún se conservan en Ashley Downs, Bristol – dando alojamiento a miles de niños.


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