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Por: L.R. Shelton Jr

Este artículo forma parte de la serie «El cristino carnal»

“De manera que yo, hermanos, no pude hablaros como a espirituales, sino como a carnales, como a niños en Cristo.. Os di a beber leche, y no vianda; porque aún no erais capaces, ni sois capaces todavía, porque aún sois carnales; pues habiendo entre vosotros celos, contiendas y disensiones, ¿no sois carnales, y andáis como hombres?” (1 Corintios 3:1-4).

En primer lugar, queremos mirar estos versículos teniendo en cuenta el contexto de la epístola entera de 1 Corintios. Esta carta fue escrita para corregir varios errores que habían surgido en la iglesia en Corinto. Encontramos estos errores y pecados en 1:11; 5:1; 7:1; 8:1; 11:18; 12:1 y 15:12. El apóstol Pablo los encara a fondo, y les pide a sus lectores que se arrepientan y analicen: “Examinaos a vosotros mismos si estáis en la fe; probaos a vosotros mismos. ¿O no os conocéis a vosotros mismos, que Jesucristo está en vosotros, a menos que estéis reprobados?” (2 Corintios 13:5). Después de contarles la historia de Israel en el desierto, les advierte: “Así que, el que piensa estar firme, mire que no caiga” (1 Corintios 10:12).

Consideremos ahora el contexto inmediato de 1 Corintios 3. En los últimos siete versículos del capítulo 2, el apóstol, inspirado por el Espíritu, nos enseña que nadie puede conocer las cosas de Dios a menos que el Espíritu Santo se las enseñe, lo cual realiza por medio de comparar las cosas espirituales con lo espiritual de la Palabra de Dios, y por consiguiente, nos salva por la gracia de Dios y nos da la mente de Cristo. Nota que en estos versículos, Pablo los llama “hermanos”, y les dice que no puede hablarles como a cristianos maduros, sino como a niños espirituales que se alimentan de leche y no de carne. Por ser niños, deseaban la leche sincera de la Palabra (1 Pedro 2:2) por medio de la cual estaban vivos y eran espirituales para Dios. Pero al caer en este error de gloriarse en los hombres, (ya sea Pablo, Apolos o Pedro: 1:12; 23:4, 21, 22), demostraban su naturaleza carnal; y él deseaba mostrarles su error y llevarlos al arrepentimiento. Esto lo hacía para que maduraran y llegaran a ser cristianos adultos y ya no entristecieran más al Espíritu Santo quien moraba en ellos (6:19).

Aquí tenemos que recordar nuevamente la verdad de que era imposible que estos cristianos hicieran del pecado una práctica porque, de ser así, manifestaban que realmente no eran hijos de Dios, sino hombres perdidos que no conocían a Dios (1 Juan 3:9, 10). Aquí los reprende por cometer este error de gloriarse en los hombres. ¿Cómo lo sabemos? Lo repetimos: Por comparar las cosas espirituales con lo espiritual, tal como lo dice en los versículos 9-16 del capítulo 2.


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