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Por: R. C. Sproul.

Este artículo forma parte de la serie «Qué buena pregunta«

Como cristianos, ¿deberíamos preocuparnos por repetir oraciones? En Mateo 6:7, Jesús llama “parlotear de manera interminable” a las oraciones de los paganos.

Esta es parte de la enseñanza de Jesús en el Sermón del Monte, en la cual describe la diferencia entre la clase de adoración y conducta espiritual que agrada a Dios, y la que habían hecho popular los fariseos; un ejercicio de hipocresía y, por lo tanto, desagradable para Dios.

Jesús alude a “parlotear de manera interminable,” el recitar prolongadamente invocaciones y oraciones creyendo que hay algún poder en las cadencias o la mera pronunciación de las palabras. Jesús nos advierte contra eso.

No se deduce, sin embargo, que nunca se nos permita repetir una oración. Esta pregunta surge a raíz de la práctica de la iglesia, por ejemplo, en que repetimos frecuentemente el Padre Nuestro. Algunos han señalado que, cuando los discípulos le dijeron a Jesús: “Enséñanos a orar,” Jesús dijo: “Deberían orar de la siguiente manera”; no dijo: “Deberían orar esto.” Él no nos mandó repetir exactamente esa oración una y otra vez. Sin embargo, no creo que la iglesia haya hecho algo malo usándola así, siempre y cuando seamos cuidadosos de no permitir que nuestra práctica de repetir oraciones le haga perder sentido.

Recordemos, por ejemplo, cuando Jeremías reprende al pueblo de Israel en su famoso discurso del templo, registrado en Jeremías 7:1-4, cuando dice: “Ellos repiten: ‘¡El templo del SEÑOR está aquí! ¡El templo del SEÑOR está aquí!’.” Ellos lo recitaban varias veces, y Jeremías dijo: “No se dejen engañar.” Su reprensión al pueblo de Israel en ese punto era que ellos habían puesto su confianza en la mera pronunciación de estas fórmulas externas. Ellos creían que tenían una especie de poder espiritual por el simple hecho de recitar mecánicamente las palabras una y otra vez.

Eso se acerca peligrosamente a la magia, y lo vemos en otras religiones en las cuales la gente cree que hay una fórmula mágica o algún conjuro (por ejemplo, la recitación de la palabra om) que encierra alguna clase de poder. El cristianismo ve la oración como un acto de comunicación, una situación en la que nos dirigimos personalmente a Dios usando palabras que encierran un contenido, cuestiones reales. Deberíamos ser extremadamente conscientes de lo que le decimos a Dios cuando oramos, o de lo contrario nuestras oraciones se volverán repeticiones vanas y fútiles.

Tomado de ¡Qué buena pregunta! Copyright © 1996 por R.C. Sproul.  

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