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Por: A. W. Tozer

Este artículo forma parte de la serie «Encuentros con el Dios Todopoderoso»

Yo, el SEÑOR, no cambio. Por eso ustedes, descendientes de Jacob, no han sido exterminados. MALAQUÍAS 3:6

Anunciar que vas a hablar sobre la inmutabilidad de Dios es casi como poner un cartel que diga: «¡No habrá servicio aquí esta noche!». Supongo que nadie quiere escuchar a alguien que le hable de eso. Sin embargo, cuando se explica, verás que has encontrado oro y diamantes, leche y miel. Ahora bien, la palabra inmutable, por supuesto, es el negativo de mutable. Y mutable proviene del latín, que significa «sujeto a cambios». Mutación es una palabra que usamos a menudo para referirnos a «un cambio en la forma, naturaleza o sustancia».

Inmutabilidad, entonces, quiere decir «no sujeto a cambios» […] Sin duda, en Dios no hay ninguna mutación posible. Como dice Santiago: «en el cual no hay mudanza, ni sombra de variación» (1:17), no hay variación debido al cambio. Y también está ese versículo en Malaquías: «Yo Jehová no cambio» (3:6) […] Por cierto,

Él es el Único en el universo que puede decir eso. ¡Y lo dijo! Solo Él dice que nunca cambia, que en Dios no hay cambio posible. Dios nunca difiere de sí mismo. Si te apoderas de esto, puede ser para ti un ancla en la tormenta, un escondite en el peligro No hay posibilidad de cambio en Dios. Y Dios nunca difiere de sí mismo.

Gracias, Padre, porque a pesar de mi mundo siempre cambiante, tú eres siempre constante, mi ancla en la tormenta. Amén.

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