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Por: A. W. Pink

Este artículo forma parte de la serie «La seguridad eterna»

“Nosotros le amamos a él, porque él nos amó primero” (1Jn 4:19). Dios no ama a su pueblo porque lo aman. No, por el contrario, leemos que “por su gran amor con que nos amó, aun estando nosotros muertos en pecados” (Ef 2:4–5): cuando no teníamos deseos de ser amados por Él, sí, y cuando lo estábamos provocando mostrando la feroz enemistad de nuestros corazones no renovados. Dios amaba a su pueblo antes de que existiera históricamente, porque cuando aún eran pecadores, Cristo murió por ellos (Ro 5:8). Por eso, Él declara: “Con amor eterno te he amado” (Jer 31:3). Ese amor no depende en absoluto de nosotros, sino que fluye espontáneamente del corazón de Dios, encontrando su profundo origen dentro de Su propio seno. Dado que Dios es amor, no puede dejar de amar así como no puede dejar de ser, y dado que Dios no cambia, tampoco puede haber variación en él ni puede haber fluctuación en su amor.

El objeto del amor de Dios es su Iglesia, que es su especial deleite. Desde toda la eternidad, Él amó a Sus elegidos, y los amó como tal, por ser su especial posesión. Los amó en Cristo, los eligió en Cristo y los bendijo con todas las bendiciones espirituales en Cristo (Ef 1:3). Los amaba tanto como para predestinarlos a ser adoptados como hijos (Ef. 1:5). Amaba a su pueblo en Cristo con el mismo amor con que ama a Cristo, su Cabeza (Jn 17:23). Los amaba tanto como para hacerlos “aceptos en el Amado” (Ef 1:6). Es un amor que nunca puede decaer, porque Se basa en el placer de su buena voluntad hacia ellos. El amor de Dios para con Cristo y para con los miembros de su cuerpo no conoce cambios: “y que los has amado a ellos como también a mí me has amado” (Jn 17:23), declara el Salvador, y Él está hablando allí como la Cabeza de Su Iglesia. Somos amados en Cristo y de acuerdo con la relación que tenemos con Él, es decir, como miembros de una Cabeza, somos amados de manera libre e inmutable.

Tomado del libro «Seguridad Eterna» de A.W. Pink.

*A.W. PinkFue un teólogo, evangelista, predicador, misionero, escritor y erudito bíblico inglés, conocido por su firme postura calvinista y su gusto por las enseñanzas de las doctrinas puritanas


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