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Por: MICHAEL KRUGER*

Sumisión.

De todas las palabras de la Biblia, esta puede ser una de las menos populares. Después de todo, nuestro momento cultural no valora una postura de sumisión a las autoridades. Por el contrario, nuestro mundo insiste en que debemos desafiar y criticar a los que están sobre nosotros.

La clásica calcomanía para carros lo refleja bien: «Cuestiona la autoridad».

Como si la sumisión no fuera un concepto lo suficientemente impopular, solo se vuelve más impopular en versículos como este: «Las mujeres estén sometidas a sus propios maridos como al Señor» (Ef 5:22). De hecho, este pasaje (y su contraparte en 1 Pedro 3:1) ha sido la zona de impacto de las guerras sobre la sumisión, tanto en nuestras iglesias como en la cultura en general.

Pero dejar que estos versículos ocupen un lugar central puede dar la impresión errónea de que la Biblia enseña que solo las mujeres deben someterse. En realidad, las Escrituras tienen una visión más completa.

Todo el mundo se somete a alguien 

La Biblia es clara en que todos nos sometemos a alguien. Los hombres y las mujeres están llamados a someterse al gobierno (Ro 13:1), los hijos están llamados a someterse a los padres (Ef 6:1), los miembros de la iglesia están llamados a someterse a los ancianos (He 13:7), los siervos están llamados a someterse a los amos (1 P 1:18) y así sucesivamente.

Por supuesto, la máxima demostración de que la sumisión es una virtud bíblica y buena es que fue practicada por nuestro Señor mismo. En su ministerio terrenal, Cristo se sometió al Padre (Jn 4:345:3). Su sumisión fue tan completa que fue «obediente hasta la muerte, y muerte de cruz» (Fil. 2:8).

Este es el punto: la sumisión no es una virtud femenina; es una virtud cristiana.

Quizás necesitamos reconsiderar la forma en la que pensamos y hablamos sobre la sumisión en la iglesia. En lugar de enfocarnos una y otra vez en un solo ejemplo (Ef 5:22), debemos llamar a todos los cristianos a someterse a las autoridades que están sobre ellos.

Si los hombres han de ser los líderes en la iglesia y el hogar (un punto que es mencionado con frecuencia en las discusiones sobre la sumisión), entonces deben predicar con el ejemplo. Los hombres cristianos deben ser un modelo de sumisión a cualquier autoridad bajo la que se encuentren.

Hombres, ¿se someten?

Estas son algunas preguntas de diagnóstico para los hombres:

– Hombres, ¿muestran un espíritu sumiso a su empleador, o por el contrario, refunfuñan, se quejan y menosprecian la autoridad de sus jefes?

– Hombres, ¿se someten a los líderes de su iglesia, o son miembros que a menudo se oponen a la rendición de cuentas y la supervisión?

– Hombres, si son pastores o ancianos, ¿se someten a sus compañeros ancianos? ¿Muestras un espíritu de sumisión a tu cuerpo denominacional? Cuando ese cuerpo les pide que hagan algo, ¿lo obedecen o contradicen?

– Hombres, ¿respetan las autoridades gubernamentales que Dios ha puesto sobre ustedes, sin importar su afiliación política o su opinión sobre sus políticas? ¿O se burlan y ridiculizan esas autoridades?

Podemos imaginar lo difícil (por no mencionar desalentador) que pudiera ser para las mujeres que son llamadas a someterse, ver que sus maridos y líderes de la iglesia se niegan a someterse a las autoridades sobre ellos. Por el contrario, cuán alentador es para las mujeres ver que se les pide que hagan algo que sus líderes hacen voluntaria y gozosamente primero.

La sumisión ante un mundo que observa

Pero la sumisión cristiana no es solo un problema en la iglesia; también afecta la forma en que nos relacionamos con la cultura en general. ¿Practicamos lo que predicamos ante un mundo que nos observa?

Cuando los cristianos desobedecen las directivas del gobierno, uno pudiera entender por qué la cultura espectadora comienza a rascarse la cabeza en confusión. ¿No son los cristianos los que se han quejado más audiblemente sobre cómo vivimos en una era anti-autoridad? ¿No se han lamentado los cristianos sobre la falta de sumisión a la autoridad de nuestro mundo?

Sin embargo, a menudo son esos mismos cristianos los que parecen no estar dispuestos a someterse cuando se enfrentan a una regla del gobierno con la que no están de acuerdo.

Ahora, para ser claros, la sumisión no significa que seguimos ciegamente todas las directrices del gobierno (o las directrices de otras autoridades). La sumisión no requiere que obedezcamos a alguien si nos pide pecar (en tales casos tenemos la obligación de no someternos) ni obedecer las leyes que nos obligan a deshonrar a Dios (Dn 3:18). La sumisión tampoco significa que no podamos trabajar para un cambio en nuestra situación (por ejemplo, podemos someternos al gobierno mientras buscamos cambiar sus leyes).

Pero así como las esposas están llamadas a someterse a maridos imperfectos, los ciudadanos están llamados a someterse a un gobierno imperfecto. Al hacerlo, los hombres deberían liderar el camino.

La sumisión te cambiará

Cuando los hombres toman la iniciativa en la práctica de la sumisión, esto es lo que descubriremos: la sumisión es difícil. Es un acto de autonegación considerable y de peso. Puede sentirse como una muerte, aunque sepamos que es el camino hacia la vida.

Conocer de primera mano lo difícil que es la sumisión, nos dará una mayor comprensión y compasión por aquellos bajo nuestro liderazgo. No podremos hablar de sumisión de una manera ligera y trivial, como si no tuviera algún costo. Podemos ser el líder amable que estamos llamados a ser, porque entendemos el peso de la sumisión al practicarlo nosotros mismos.

Aún más, aprender la dificultad de la sumisión nos dará a todos un renovado sentido de gratitud por lo que Jesús sufrió por nosotros. Mientras lloraba y agonizaba, le pidió a su Padre: «Padre Mío, si es posible, que pase de Mí esta copa». Sin embargo, pronunció estas asombrosas palabras de autonegación: «Pero no sea como Yo quiero, sino como Tú quieras» (Mt 26:39).

Entonces, cuando nosotros, como cristianos, tanto hombres como mujeres, nos negamos a nosotros mismos y nos sometemos a quienes tienen autoridad sobre nosotros, estamos haciendo algo muy parecido a Cristo. Estamos actuando como Jesús cada vez que decimos: «No sea como yo quiero, sino como tú quieras».

Publicado originalmente en The Gospel Coalition. Traducido por Equipo Coalición.

*Michael J. Kruger es presidente del Seminario Teológico Reformado en Carolina del Norte, donde también está sirviendo como profesor del Nuevo Testamento. El es el autor de “Canon Re-visitado”: Estableciendo los orígenes y la autoridad de los libros del Nuevo Testamento (Crossway, 2012). El escribe con regularidad para el blog “Canon Fodder”.

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