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Por: John MacArthur

Este artículo forma parte de la serie de devocionales «Fortaleza para hoy»

«Y pasando Jehová por delante de él, proclamó: ¡Jehová! ¡Jehová! fuerte, misericordioso y piadoso; tardo para la ira, y grande en misericordia y verdad». ÉXODO 34:6

La gracia de Dios es el favor inmerecido que muestra a los pecadores.

La gracia de Dios siempre ha sido un foco de alabanza para los creyentes. El versículo de hoy es citado varias veces en el libro de los Salmos y en otras partes de las Escrituras (por ejemplo, Nehemías 9:17, 31; Salmos 86:15; 103:8; 145:8). Pablo se muestra agradecido por la abundante gracia de Dios en 1 Timoteo 1:14 y Juan escribe: «Porque de su plenitud tomamos todos, y gracia sobre gracia» (Juan 1:16). Hoy algunos de nuestros himnos favoritos son «Gracia admirable», «Lluvias de gracia» y «Maravillosa gracia».

¿Qué es exactamente la gracia? Es simplemente el favor gratuito, inmerecido y no merecido que recibimos de Dios. Es un regalo dado por Dios no porque lo merezcamos, sino solo porque Dios —por su gran amor— quiere dárnoslo.

La gracia es evidente para los cristianos en dos maneras principales. La primera es por elección, salvación o don. Dios «quien nos salvó y llamó con llamamiento santo, no conforme a nuestras obras, sino según el propósito suyo y la gracia que nos fue dada en Cristo Jesús antes de los tiempos de los siglos» (2 Timoteo 1:9). «Por gracia [somos] salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios» (Efesios 2:8). Esta es la gracia de Dios para los pecadores, porque «cuando el pecado abundó, sobreabundó la gracia» (Romanos 5:20).

La otra manera en que la gracia se manifiesta en nuestras vidas es en forma de gracia habilitadora o sustentadora. No solo recibimos gracia para ser salvados; ahora vivimos en gracia. Es la gracia de Dios la que nos permite desarrollar la vida cristiana. Cuando Pablo pidió a Dios que le quitara un «aguijón en la carne» que lo debilitaba (2 Corintios 12:7), el Señor le dijo: «Bástate mi gracia, porque mi poder se perfecciona en la debilidad» (v. 9). Y, en otra parte, Pablo dice: «Todo lo puedo en Cristo que me fortalece» (Filipenses 4:13).

Recuerde, no nos hemos ganado ni la gracia salvadora ni la sustentadora. Nada de lo que podamos hacer puede hacernos merecedores de un poco más de gracia. Dios dice: «Tendré misericordia de quien tenga misericordia» (Éxodo 33:19). Esta verdad debería hacernos sentir más agradecidos porque nos salvó y nos sostiene a pesar de nuestro pecado.

Sugerencias para la oración: Agradezca a Dios por su gracia al salvarlo y sustentarlo.

Para un estudio más profundo: Lea Génesis 9:8-19. ¿Cómo extendió Dios la gracia a Noé y a su familia? ¿Cuál fue la señal o símbolo visible?

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