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Por: John Piper

PRESENTADOR:

Tenemos unos 150 correos electrónicos sobre Romanos 9. Este es, por mucho, el capítulo de la Biblia sobre el que más preguntas recibimos. A continuación, leeré uno de ellos, un correo electrónico reciente de un oyente llamado Aaron. “¡Hola, pastor John! Estaba leyendo Romanos 9 hoy y me encontré con lo que se conoce como un pasaje y doctrina muy difícil de aceptar. Aunque creo que Dios es soberano, no puedo dejar de tener en cuenta la declaración de Pablo al principio del versículo 22 que dice: “¿Y qué, si…?”. ¿Qué quiere decir esta expresión de Pablo? ¿Está dando a entender que Dios puede, pero no significa necesariamente que lo haga? ¿Es una interpretación factible? ¿Cómo se explica esta expresión y sus implicaciones?”.

JOHN PIPER:

Una pequeña autobiografía

Bueno, tal vez solo para animar a aquellos que luchan con el mensaje de Romanos 9, permíteme dar una pequeña autobiografía. Cuando enseñaba Biblia y griego en la universidad Bethel de 1974 a 1980, prácticamente en todas las clases se planteaba el problema de la soberanía de Dios frente a la voluntad del hombre.

“Si Dios es tan soberano como usted dice, Piper, ¿cómo puede el hombre ser responsable de su pecado?”. Y eventualmente en estas conversaciones, yo iba a Romanos 9 como parte de mi respuesta. Entonces había grandes debates sobre cómo interpretar Romanos 9, especialmente los versículos 1-23. Así que, en la primavera de 1979, pedí un año sabático. Llevaba allí unos seis años, así que era un buen momento para tomar ese año sabático. Desde mayo de 1979 hasta enero de 1980, mientras estudiaba, todo lo que hice fue pensar y orar sobre Romanos 9 día y noche, todos los días. Tenía que llegar a una respuesta por mí mismo.

El punto de lo que estoy diciendo es que fue una gran lucha para mí. Creo que Romanos 9 es un parteaguas en la manera en que una persona mira a Dios. Tuve que decidir por mí mismo si este capítulo significaba lo que parecía significar —lo que yo decía que significaba—, o si tenía otra explicación. De esos nueve meses surgió el libro The Justification of God: An Exegetical and Theological Study of Romans 9:1–23 [La justificación de Dios: un estudio exegético y teológico de Romanos 9:1-23].

He compartido la lucha con aquellos que leen este capítulo, se rascan la cabeza y tratan de cambiar de opinión. La he compartido. Sin embargo, no creo que Romanos 9 esté en discusión. Creo que Romanos 9 realmente aborda los destinos eternos de las personas, no solo los papeles históricos de las naciones. Trata de los individuos, no solo de los pueblos como colectivos. Esas suelen ser las dos razones que la gente da para decir: “No, no se debe usar Romanos 9 para hablar de la elección o predestinación individual”.

Esto no es difícil de ver. Permíteme mostrar eso a nuestros oyentes, comenzando en Romanos 9:2-3. Creo que lo verán con claridad.

Israelitas que perecen

Pablo dice: “tengo gran tristeza y continuo dolor en mi corazón. Porque desearía yo mismo ser anatema, separado de Cristo por amor a mis hermanos, mis parientes según la carne” (Romanos 9:2-3). ¿Qué está diciendo? Está diciendo que algunos judíos, compatriotas de Pablo, están perdidos y perecen, y esto crea para Pablo no solo una desgarradora agonía personal, la cual describe, sino un enorme problema teológico: ¿han fallado las promesas de Dios?

Es decir, si los judíos —y no se refiere a uno o dos, sino a la mayoría de ellos— tienen un velo sobre el rostro, entonces no están viendo a Jesús como su Mesías. Así que la pregunta que se aborda en este capítulo es la siguiente: ¿ha fallado la promesa de Dios a Israel? El problema que se presenta es precisamente que algunos judíos —no el pueblo en su conjunto— han caído. Están pereciendo.

La respuesta de Pablo viene en Romanos 9:6: “no es que la palabra de Dios haya fallado”. Luego da su respuesta básica del por qué: “Porque no todos los descendientes de Israel son Israel”. Esa es su respuesta básica. En otras palabras, Pablo responde al problema precisamente señalando que los israelitas perdidos individualmente no son realmente parte del Israel que hereda las promesas.

Es lo perdido que están los individuos lo que crea el problema —esa verdad está ahí, no se impone sobre el texto—. El problema está dentro de Israel. Hay israelitas que están pereciendo, y Pablo resuelve el problema teológicamente diciendo: “La palabra de Dios a Israel no ha fallado porque no todo Israel es Israel”.

El resto de Romanos 9:1-23 es la demostración o vindicación de Pablo de la justicia de Dios en el ejercicio de Su soberanía al tener misericordia de quien quiere.

Libre para mostrar misericordia

Romanos 9:14 pregunta: “¿Qué diremos entonces? ¿Que hay injusticia en Dios?”. Ahí es donde comencé a escribir mi libro: “¿hay injusticia en Dios?”. Y su respuesta es “¡De ningún modo!”.

Los versículos 15-23 ofrecen apoyo de por qué no hay injusticia en Dios. Pablo da su argumento en Romanos 9:15, donde dice: “Porque Él dice a Moisés: ‘Tendré misericordia del que Yo tenga misericordia, y tendré compasión del que Yo tenga compasión’”.

Así que Dios es libre de tener misericordia de quien tenga misericordia. Es libre de mostrar misericordia y gracia a quien quiera. Nadie la merece, y Dios no es injusto para darla libremente a quien quiera, y no a otro.

¿Y qué, si…?

Ahora bien, ¿por qué Dios ejerce Su libertad al elegir a uno y no a otro? Y eso nos lleva a la pregunta que hizo Aaron sobre los versículos 22 y 23. Yo creo que esta es la respuesta definitiva de Pablo en la Biblia.

Todo el mundo debería prestar mucha atención al escucharme decir eso. “Vaya, esa es una afirmación muy audaz. Escucha eso”. Así que voy a decirlo otra vez: los versículos 22 y 23 son la respuesta definitiva de Pablo —y yo diría que de la Biblia— de por qué Dios hace lo que hace al elegir a uno y no a otro. Esta es la misma frase sobre la que Aaron preguntó.

Comienza diciendo: “¿Y qué, si…?”. Ahora bien, en griego es solo “si”, pero “¿Y qué, si…?” está bien porque deberíamos responder a la pregunta “¿Y qué, si…?” diciendo: “Bueno, no se puede plantear ninguna objeción legítima”. Volveré a hablar de esto en un momento. Aquí está lo que dicen estos versículos:

¿Y qué, si Dios, aunque dispuesto a demostrar Su ira y hacer notorio Su poder, soportó con mucha paciencia a los vasos de ira preparados para destrucción? Lo hizo para dar a conocer las riquezas de Su gloria sobre los vasos de misericordia, que de antemano Él preparó para gloria (Romanos 9:22-23).

Aaron pregunta: “¿Las palabras ‘¿Y qué, si…?’ al principio del versículo 22 significan que Dios podría actuar así, pero no actúa así?”. Eso es lo que está preguntando. En otras palabras, ¿significa “Oh, sí. Él podría actuar de esa manera, y eso encajaría con la comprensión reformada de Piper de este texto, pero en realidad no actúa de esa manera”? Aaron está preguntando: “¿Es esa una interpretación factible?”.

La respuesta es no, no es una interpretación factible. No es factible tomar las palabras de esa manera. Y hay varias razones, pero permíteme enfocarme en una.

Real, no hipotético

La razón es que la frase “¿Y qué, si…?” que introduce los versículos 22 y 23 ya ha sucedido en Romanos 9. No se trata de si sucederá. Ya sucedió. Y Pablo repite lo que ya dijo. Está explicando la aplicación, es decir, con respecto a Faraón.

Cuando Pablo dice: “¿Y qué, si Dios, aunque dispuesto a demostrar Su ira y hacer notorio Su poder, soportó con mucha paciencia a los vasos de ira preparados para destrucción?”, está reafirmando la misma cosa que acaba de decir que hizo con respecto a Faraón en los versos 17 y 18. Esto es lo que dice: “Porque la Escritura dice a Faraón: ‘Para esto mismo te he levantado, para demostrar Mi poder en ti, y para que Mi nombre sea proclamado por toda la tierra’. Así que Dios tiene misericordia, del que quiere y al que quiere endurece” (Romanos 9:17-18).

Cuando Pablo se refiere cinco versículos más adelante, en el versículo 22, a que Dios está “dispuesto a demostrar Su ira y hacer notorio Su poder, [soportando] con mucha paciencia a los vasos de ira preparados para destrucción”, apunta a que eso es exactamente lo que acaba de hacer con el Faraón en el versículo 17. Este “¿Y qué, si…?” no es hipotético, es real. Él lo hizo. La frase “¿Y qué, si…?” se pregunta: “¿Qué pasaría si lo hiciera? ¿Puede plantearse alguna reacción legítima?”. Y la respuesta es un claro “no”.

Vasos de misericordia

El punto general de Pablo en esta sección es que Dios es justo al tener misericordia de quien quiere (Romanos 9:14). No hace mal a nadie, a ningún ser humano en ningún lugar. Siempre mantiene el valor infinito de lo que es infinitamente valioso, es decir, Su justicia. Mantiene Su gloria.

En Su absoluta y gloriosa libertad —“Tendré misericordia del que Yo tenga misericordia, y tendré compasión del que Yo tenga compasión”— da a conocer las riquezas de Su gloria para los vasos de misericordia. A eso apunta el versículo 23, y esa es la meta final del universo. Esos vasos de misericordia son preparados de antemano por Dios para gloria.

Pero en este momento, los vasos de misericordia (y aquí estoy hablando ahora a nuestros oyentes) son todos y cada uno de los que invocan el nombre del Señor.

Episodio original en inglés: https://www.desiringgod.org/interviews/why-does-god-choose-some-and-not-others


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