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Por: Randy Stinson & Christopher W. Cowan

La CBMW (Coalición de Masculinidad y Feminidad Bíblica) siempre ha tratado de responder a los diversos retos que enfrentan los evangélicos con respecto a los roles bíblicos de los  hombres y las mujeres, tanto en el hogar como en la iglesia. Con los años se ha hecho evidente que el debate actual entre los evangélicos en el tema de los géneros no es un tema “desligado”; es decir, un tema que no afecta otras áreas de la enseñanza y de la práctica cristiana. Más bien, la manera como se comprende y se responde a las enseñanzas bíblicas sobre la masculinidad y la feminidad, informa e influye en nuestra comprensión de muchas otras doctrinas cristianas importantes.

Un desafío reciente proviene de parte de unos evangélicos feministas que abogan por llamar a Dios “Madre”, o proponen usar el pronombre femenino “ella” al referirse a Dios. Pero, ¿acaso permite la Escritura esto? Los autores ofrecen este breve folleto para asistirle a navegar por este reto actual. No es exhaustivo, pero creemos que es instructivo y oramos que pueda alentarle a permanecer fiel a las Escrituras mientras unidos buscamos glorificar al Señor.

(1) No hay ningún precedente Bíblico que nos permita referirnos a Dios con términos femeninos tales como Madre ella.

La Biblia usa muchos apelativos masculinos, nombres y títulos de Dios (por ejemplo, Dios, Señor, Padre, Rey, Juez, Salvador, Gobernador, Pastor y Esposo) y constantemente usa pronombres masculinos para Dios. También encontramos títulos impersonales carentes de género alguno; son  apelativos y metáforas que son utilizados para referirse a Dios (por ejemplo, Roca, Fortaleza y Escudo). Sin embargo, no aparecen en las Escrituras términos o pronombres femeninos similares que hagan referencia a Dios.

(2) El lenguaje masculino utilizado en la Biblia para referirse a Dios no depende de la cultura, sino que es más bien la auto-revelación de Su identidad, como Dios ha elegido darse a conocer.  

Algunos han argumentado que la cultura patriarcal del antiguo Israel dictó el uso bíblico de la terminología masculina para hacer referencia a Dios. Sin embargo, otras culturas antiguas del Cercano Oriente, aunque no menos patriarcal que la antigua Israel, adoraron deidades masculinas y femeninas (ver Jueces 3:7Hechos 19:34), e incluso  hacen referencia a un único y mismo Dios como «Padre» y «Madre”. De manera que la cultura antigua de Israel no optó ni requirió un lenguaje masculino para Dios por necesidad.

Más aún, a pesar de las influencias culturales de los pueblos cercanos a Israel, ella creía—y los Cristianos de hoy día lo creen también— que lo que aprendemos de Dios en el Antiguo Testamento (y a través de toda la Biblia) se debe a como Él  mismo ha escogido revelarse a Si mismo a nosotros. Por lo tanto, el lenguaje masculino de Dios en la Biblia no se debe primordialmente a lo que pensaba Israel o la iglesia primitiva acerca de Dios, sino que, en última instancia, este modo de hablar de Dios viene de Dios mismo. Debido a que la Biblia es la propia auto-revelación escogida por Dios, debemos tomar en serio el lenguaje que Dios optó por utilizar para comunicarnos cómo Él es. Esta revelación, por elección de Dios, incluye todo el lenguaje masculino de Dios plasmado en la Biblia, y por lo tanto no se puede descartar como simplemente el subproducto de una cultura patriarcal. Si descartamos el lenguaje masculino de Dios en la Biblia estamos  descartando la forma cómo Dios ha hablado de sí mismo, y eso es un asunto serio.

(3) El uso de «imágenes femeninas» para Dios en la Biblia no exige, ni siquiera implica, que podemos referirnos a Dios con términos femeninos como «Madre» o ella». 

En raras ocasiones, la Escritura describe las acciones de Dios utilizando expresiones lingüísticas femeninas—metáforas y símiles (véase, por ejemplo, Deuteronomio 32:18Job 38:29; Sal. 123:2; Isaías 42:13-1446:366:13; Os 13:8). Sin embargo, la Biblia también usa lenguaje figurativo similar al hablar de las acciones de los seres humanos del sexo masculino (ver 2 Sam 17:08Isa. 60:16Gálatas 4:191 Ts. 2:07). Lejos de implicar que debemos hacer referencia a alguno de estos hombres como «madre» o «ella», este tipo de lenguaje no es más que un recurso literario que nos ofrece una descripción vívida. Pero si este lenguaje figurado no requiere terminología femenina para los seres humanos, tampoco lo debe exigir para Dios.

(4) Todas las metáforas femeninas para Dios en la Biblia son verbalesninguna de ellas corresponde a un nombre o a títulos para Dios (Padre», por ejemplo).

Aunque la Biblia usa muchos términos masculinos como nombres, títulos y metáforas para Dios (vea el # 1 más arriba), todas las metáforas femeninas son verbos, recreando algunas de Sus acciones (por ejemplo, «el Dios que te dio a luz,» Deuteronomio 32:18) . La Biblia dice: «El Señor es mi pastor» (Salmo 23:1), «Dios es el Rey» (Sal. 47:7): «Tu marido es tu Hacedor» (Isaías 54:5); y «Tú, oh, Señor eres nuestro Padre» (Isaías 63:16); pero no declara nombres, títulos o metáforas femeninas similares para Dios (como pudiera ser, «Dios es mi madre»). En adición a esto, los verbos en segunda y tercera persona en el Antiguo Testamento hebreo se conjugan por su género. Así, aunque la Escritura puede emplear metáforas verbales femeninas para describir las acciones de Dios, el uso consistente de formas verbales masculinas en estos casos, nos impide imaginar a Dios como «Madre».

(5) «Padre» es un nombre o título que comunica algo real acerca de la naturaleza de Dios.

Las Escritura no llama a Dios «Padre» simplemente porque Él es como los padres humanos, sino porque Él es «El Padre de nuestro Señor Jesucristo» (Romanos 15:62 Co. 1:3; Efesios 1:31 Pedro 1:3 ). Dios es el Padre del Señor Jesús de una manera que Él no es un Padre para los creyentes (Juan 20:17). Del mismo modo, aunque los cristianos se hacen «hijos de Dios» por la adopción en Cristo (Romanos 8:15Gálatas 4:5), Jesús es el Hijo de Dios de una manera diferente a como lo son los cristianos (Marcos 1:11Juan 1:14 , 3:16).

Los títulos «Padre» e «Hijo» no se aplican a las dos primeras personas de la Trinidad simplemente como resultado de la encarnación. Esta relación Padre-Hijo siempre ha existido. Antes de la encarnación, Dios envió a su Hijo al mundo (Juan 3:17); esta entrada «en el mundo» es del cielo (Juan 13:1316:28)—el lugar de donde fue «enviado». El amor eterno de las dos primeras personas de la Trinidad, del uno por el otro, se expresa en términos de la relación Padre-Hijo. El Padre ama al Hijo, mostrándole «todo» lo que está haciendo (Juan 5:20), y el Hijo muestra al mundo que ama al Padre, haciendo lo que se le manda hacer (Juan 14:31); «siempre» hace las cosas que son agradables al Padre (Juan 8:29). Por otra parte el Hijo vive por el Padre (Juan 6:57). Como el Padre tiene «vida en sí mismo», así también ha dado al Hijo el tener «vida en sí mismo» (Juan 5:26). Dado que la «Palabra» no ha sido creada, pero ha existido eternamente (Juan 1:01), esta es una «concesión eterna” del Padre al Hijo, y da testimonio de la naturaleza eterna de la relación Padre-Hijo. Por lo tanto, creemos que el nombre o el título de «Padre» comunica algo real acerca de Dios. Dios es el Padre de su Hijo, el Señor Jesucristo.

(6) Llamar a Dios «Madre» puede requerir una revisión no bíblica con respecto a cómo Dios se relaciona con el mundo.

Es difícil demostrar una relación casual directa entre el lenguaje femenino de Dios y las revisiones doctrinales con respecto a cómo Dios se relaciona con el mundo. En el pasado, la mayoría de los feministas no evangélicos han argumentado a favor de que se use un lenguaje femenino o neutro para Dios, y lo han hecho, al menos en parte, debido a su suposición de que el lenguaje masculino (Padre, Señor, Rey) indica el gobierno unilateral de Dios sobre la tierra y esto conduce a relaciones abusivas donde los hombres dominan unilateralmente sobre las mujeres y la naturaleza. En otras palabras, para ellos, la «masculinidad» de Dios y su relación con la noción clásica del gobierno soberano de Dios ha estado en la raíz de la destrucción ecológica y del dominio sobre la mujer.

Así que, para muchos feministas no evangélicos, la forma en que Dios se relaciona con el mundo debe cambiar si los problemas ecológicos y de abuso van a ser remediados. Llamar a Dios «Madre», al menos para la mayoría de los revisionistas no evangélicos, significa que el mundo ya no está gobernado por Dios, pero ahora es parte del cuerpo o de la matriz de Dios. Así que cuando uno daña la naturaleza, también está perjudicando a Dios. Esta creencia está en el corazón del lo que se denomina normalmente como panteísmo—Dios está en todo—lo cual directamente contradice la descripción que da la Biblia cerca de la relación de Dios con el mundo. Dios no es parte del mundo; Él está separado del mundo. Dios no depende del mundo; Él es autosuficiente. Dios no está involucrado de forma pasiva con Su creación; Él está gobernando y reinando sobre esta.

Por supuesto, la mayoría de los feministas evangélicos que están abogando algún tipo de lenguaje femenino de Dios probablemente no tienen como motivo una revisión completa de la doctrina de Dios. Sin embargo, dado el hecho de que el lenguaje masculino de Padre, Señor y Rey está conectado a la manera en que Dios gobierna el mundo (es decir, Él es soberano sobre Su creación y está separado de esta), será difícil para los defensores futuros el evitar dichas revisiones, incluso aun si no hubiera una intención consciente de hacerlo.

(7) Cuando se llama a Dios «Madre» pone en cuestión la suficiencia de la revelación bíblica.

Como ya se ha señalado, la Escritura nunca se refiere a Dios como «madre» o «ella». Así que los feministas evangélicos que defienden esa terminología para Dios a menudo apuntan a las limitaciones de la cultura patriarcal de Israel por el uso del lenguaje masculino para referirse a Dios en las Escrituras. En pocas palabras, los feministas evangélicos deben argumentar de alguna manera que la Palabra de Dios ha sido «contaminada» por la antigua cultura bíblica y que debemos extraer algún principio desde el meollo mismo del lenguaje patriarcal bíblico, en cuanto a dirigirnos a Dios respecta.

Pero creemos que esto pone en tela de juicio la suficiencia de la Palabra de Dios, como nosotros lo hemos recibido. No creemos que el mismo Dios y Su Palabra se haya acomodado a un patriarcado pecaminoso (como lo perciben los feministas evangélicos), de modo que la «verdad» de la Palabra de Dios deba ser separado del «pecado» del patriarcado. De acuerdo con este punto de vista, el mensaje bíblico ya no es suficiente, pero ha sido corrompido por un aspecto caído del antiguo idioma y la cultura Bíblica. En lugar de ello, afirmamos que Dios ha revelado en Su Palabra cómo Él debe ser abordado y que no tenemos la libertad para defender una forma de dirigirnos a Dios que creemos que es un «equivalente contemporáneo.» Nuestra opinión es que es verdad que Dios se ha revelado en la Biblia  usando lenguaje masculino como “Padre» a propósito, y esta revelación dice algo acerca de su naturaleza y carácter.

CONCLUSIÓN

Aunque hay tan solo algunos evangélicos feministas que abogan por el uso del lenguaje femenino para Dios, muchas Iglesias y denominaciones importantes lo han estado haciendo por años. Hay nuevos himnos cantados a “Dios Madre” y hasta libros han sido escritos para enseñarle a los niños cómo orarle a «ella». Creemos que esta práctica puede llegar a ser aún más común entre los evangélicos, ya que la presión de aceptar las enseñanzas egalitaristas sobre masculinidad y feminidad va en aumento. Esperamos que los creyentes evangélicos, los pastores y las iglesias puedan orar y tomar en cuenta la seriedad de este asunto, aferrándose fuertemente a la autoridad y la suficiencia de las Escrituras para la gloria de Dios, nuestro Padre, y del Señor Jesucristo.

Notas

1. Los autores desean agradecer a Bruce A. Ware, Thomas R. Schreiner, Russell D. Moore y Rob Lister por revisar y ofrecer información muy valiosa durante la elaboración de este folleto.

2. Ver a Helmer Ringgren, «ba*,» en el Theological Dictionary of the Old Testament, editado por Johannes Butterweck y Helmer Ringgren (Grand Rapids: Eerdmans, 1974), 2-3; John W. Cooper, Our Father in Heaven: Christian Faith and Inclusive Language for God, (Grand Rapids: Baker, 1998), 152-53; y Roland M Frye. «Language for God and Feminist Language: Problems and Principles,» Speaking the Christian God: The Holy Trinity and the Challenge of Feminism, editado por Alvin F. Kimel, Jr. (Downers Grove: InterVarsity, 2001), 27.

3. Ver Paul Mankowski, «The Gender of Israel’s God,» This is My Name Forever: The Trinity and Gender Language for God, editado por Alvin F. Kimel Jr. (Downers Grove: InterVarsity, 2001), 36-37.

4. Ver D. A. Carson, The Difficult Doctrine of the Love of God (Wheaton: Crossway, 2000), 37-38. On the eternal nature of the Father-Son relationship, ver tambien, Bruce A. Ware, «Could Our Savior Have Been a Woman? The Relevance of Jesus’ Gender for His Incarnational Mission,» The Journal for Biblical Manhood and Womanhood 8.1 (2003), 33.

2004 Randy Stinson & Christopher W. Cowan


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