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Por: A. W. Pink

Las consecuencias de la pereza espiritual son obvias e inevitables. El espacio con el que contamos, solo nos permite nombrar algunas:

1. La gracia se vuelve inoperante. Cuando la fe no se ejerce sobre Cristo, ésta falla y deja de producir buenas obras. Cuando la esperanza languidece y se vuelve inactiva, el corazón ya no puede elevarse sobre las cosas del tiempo y los sentidos mediante una deseosa expectación de los bienes venideros. Es entonces cuando el amor declina y ya no es capaz de comprometerse a glorificar y agradar a Dios. El celo se duerme y en lugar de fervor se presenta una formalidad sin corazón en el uso de los medios y la ejecución de los deberes.

2. Somos privados del discernimiento espiritual, y ya no somos capaces de percibir la vanidad de las cosas terrenales y el valor de las celestiales, y la necesidad de vivir para éstas últimas.

3. Una atención somnolienta a las providencias de Dios. Los ojos cargados de sueño no son capaces de discernir los tratos de Dios, ni de evaluar bien las cosas que Él trae sobre nosotros. Las misericordias son recibidas como cosa común, y el desagrado de Dios es concebido como algo sin importancia (Isaías 42:25).

4. Falta de interés respecto al pecado cometido, de tal manera que cesamos de mortificar nuestras concupiscencias y de resistir al diablo. La estupidez espiritual nos hace insensibles a nuestro peligro. Cuando David estaba desinteresado, fue que dio lugar al diablo (2 Samuel 11:1–2)

5. El Espíritu Santo es contristado y Sus operaciones de gracia son suspendidas y Sus consuelos retirados.

6. En vez de que nosotros venzamos al mundo, debido al embotamiento de nuestros sentidos espirituales somos absorbidos con sus atracciones o sobrecargados con sus afanes.

7. Nuestros enemigos nos roban de la sonrisa providencial de Dios, de nuestra paz y del gozo (Lucas 12:39).

8. Falta de fruto; cf. Proverbios 24:30, 31

9. Complacencia carnal: paz y gozo derivado de circunstancias placenteras y posesiones terrenales, en vez de Cristo y nuestra herencia en Él.

10. Pobreza espiritual; cf. Proverbios 24:33

11. Indiferencia ante la causa e intereses de Cristo. Es justo cuando los hombres duermen que Satanás siembra cizaña, y que la corrupción entra en la iglesia.

12. Falta de preparación práctica para la venida de Cristo (Lucas 21:36; Apocalipsis 16:15)

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