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Por: John MacArthur

Este artículo forma parte de la serie de devocionales «Fortaleza para hoy»

«El que no ama, no ha conocido a Dios; porque Dios es amor». 1 JUAN 4:8

El amor de Dios es incondicional y justo.

Hoy vemos y escuchamos mucho sobre el amor en los libros, las revistas, la televisión y las películas. Si no conociera eso mejor, pensaría que nuestra sociedad es la más amorosa de la tierra. Sin embargo, gran parte de ese «amor» no es más que lujuria disfrazada de afecto o egoísmo vestido de amabilidad. Pero el versículo de hoy nos dice que «Dios es amor»; el carácter de Dios define el amor. Para aclarar cualquier confusión sobre el amor, solo necesitamos ver quién es Dios. Y luego, por supuesto, tenemos que tratar de amar a los demás como Dios nos ama.

En primer lugar, el amor de Dios es incondicional y no correspondido. «Mas Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros» (Romanos 5:8). Dios nos amó aun cuando éramos pecadores, no teníamos justicia y no podíamos amarlo ni podíamos hacerlo. Dios no nos ama porque lo merezcamos o porque lo amamos, sino porque su naturaleza es amar.

Sin embargo, que Dios nos ame no significa que consienta el pecado. Así como los padres terrenales disciplinan a los niños que pecan, «Porque el Señor al que ama, disciplina, y azota a todo el que recibe por hijo» (Hebreos 12:6). El amor verdadero no se entrega a la injusticia, la confronta. Este tipo de amor arduo no siempre es divertido, pero ayuda a mejorar: «Es verdad que ninguna disciplina al presente parece ser causa de gozo, sino de tristeza; pero después da fruto apacible de justicia a los que en ella han sido ejercitados» (v. 11).

Estudiaremos más el amor de Dios en la próxima lección, pero ahora es natural que examinemos cómo lo estamos haciendo nosotros para mostrar amor. ¿Es incondicional nuestro amor o no se lo prodigamos a quienes nos lastiman? ¿Amamos solo a los que nos aman? Jesús dice: «Porque si amáis a los que os aman, ¿qué mérito tenéis? Porque también los pecadores aman a los que los aman» (Lucas 6:32). Amar a quienes nos aman es fácil. Cristo amó a los que tenían enemistad con Él, por lo que también espera que amemos a nuestros enemigos.

Sugerencias para la oración: Agradezca a Dios por su gran amor a nosotros y por su mayor manifestación en la persona de Cristo.

Para un estudio más profundo: La Primera Carta de Juan tiene mucho que decir sobre el amor de Dios por nosotros y nuestro amor por Él y por los demás. Lea todo el libro, anote cada mención de la palabra amor.


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