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Por: Charles Stanley

Es imposible que Dios nos olvide: somos sus hijos y estamos inscritos en sus manos.

Isaías 49.13-18

¿Alguna vez ha sentido que Dios se ha olvidado de usted? ¿Se ha sentido ignorado, abandonado o sin importancia? En tiempos de sufrimiento, es fácil pensar que Él no ve ni se preocupa por lo que atravesamos. Cuando Jerusalén fue destruida y la mayoría de sus habitantes enviados al cautiverio babilónico, el pueblo de Israel también pensó que Dios los había olvidado y abandonado.

Sin embargo, el pasaje de hoy desafía directamente la suposición de que el dolor y las dificultades son indicios de la ausencia de Dios. Después de que Él reconoce que sabe todo sobre el temor de Israel al abandono, refuta esto afirmando su amor incondicional. Él está tan cerca, atento y generoso como una madre con su bebé lactante, y es imposible que nos olvide. Para dejar claro este punto a los israelitas, Dios les aseguró que los había inscrito en las palmas de sus manos (Is 49.16). ¿Le suena familiar esta imagen?

Siglos más tarde, Jesucristo colgó de una cruz con clavos perforando sus manos, demostrando que las palabras de Dios eran ciertas y que valemos más para Él de lo que podríamos imaginar. Somos los nunca olvidados y amados hijos de Dios. ¿Cómo cambiaría nuestra vida diaria y nuestra relación con nuestro Padre celestial si viviéramos seguros en el conocimiento de que siempre estamos en sus pensamientos?

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