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Por: A. W. Tozer

Este artículo forma parte de la serie «Encuentros con el Dios Todopoderoso»

Señor, tú has sido nuestro refugio generación tras generación. Desde antes que nacieran los montes y que crearas la tierra y el mundo, desde los tiempos antiguos y hasta los tiempos postreros, tú eres Dios. SALMO 90:1-2

Sacude la cabeza para que todo se ponga en marcha y trata de ensanchar la mente al máximo posible, después piensa, si puedes, en el pasado. Piensa en tu ciudad natal antes de que existiera. Piensa en cuando no había nada aquí excepto algunos indígenas. Después, remóntate hasta el pasado y piensa en todos esos indígenas antes de que llegaran aquí. Vuelve antes de eso y piensa en el continente norteamericano.

A continuación, piensa en toda esta tierra nuestra. Y luego retrocedamos y pensemos que no hay planetas ni estrellas salpicando el claro cielo nocturno; todo ha desaparecido y no hay Vía Láctea, no hay nada.

Ve al trono de Dios y piensa en los ángeles, los arcángeles, los serafines y los querubines que cantan y adoran ante el trono de Dios. Piensa en todos ellos hasta que no haya creación: ni un ángel agita sus alas, ni un pájaro vuela en el cielo; no hay cielo en el que volar. No hay un árbol que crezca en una montaña, no hay montaña donde crezca un árbol. Sin embargo, Dios vive y ama solo. El Anciano de Días, un mundo sin fin, hasta el punto de convergencia, tan lejos como la mente humana pueda llegar, ahí tienes a Dios.

Señor, antes de la fundación del mundo, me conociste y me elegiste para ser tu hijo. Hoy te alabo. Amén.


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