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Por: Charles Spurgeon

En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó y envió a su Hijo para que fuera ofrecido como sacrificio por el perdón de nuestros pecados. 1 JUAN 4:10

¿Acaso no hay circunstancias y escenarios que de vez en cuando transpiren delante de nosotros y nos inspiren una exclamación como la del apóstol: «En esto consiste el amor»? Cuando vemos la devoción de una madre a sus hijos, cuando vemos el afecto de un amigo hacia otro y alcanzamos a ver en las diferentes relaciones humanas algo de la bondad que existe en los corazones humanos, hemos dicho: «¡En esto consiste el amor!» Voy a pedirte que mires y consideres la maravilla que el apóstol descubrió y que lo hizo exclamar con manos levantadas: «¡En esto consiste el amor!»

Cuando Dios ama a aquellos que lo aman, parece estar de acuerdo a la

ley de la naturaleza, pero cuando él ama a aquellos que no lo aman, esto debe estar por encima de todas las leyes, está de acuerdo, sin dudas, con la regla extraordinaria de la gracia y solo la gracia. No había ni un hombre en la tierra que amara a Dios. No había ninguno que hiciera el bien, ni uno y, no obstante, el Señor puso los ojos de su amor seleccionador en pecadores que no tenían la más remota idea de amarlo a él. En un corazón no renovado no hay más amor para Dios de lo que hay vida en un pedazo de granito. En un alma perdida no hay más amor a Dios que el fuego que hay en las profundidades de las olas del océano; y aquí yace la maravilla, en que cuando no teníamos amor para Dios, él nos amó.


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