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Por: A. W. Tozer

Este artículo forma parte de la serie «Mi búsqueda diaria«

En cuanto a mí, a Dios clamaré; Y Jehová me salvará… Dios oirá, y los quebrantará luego, el que permanece desde la antigüedad; por cuanto no cambian, ni temen a Dios. SALMOS 55:16, 19

Podemos cantar himnos sobre la maravillosa gracia de Dios y, sin embargo, la gracia de Dios no es mayor que la justicia de Dios, ni que la santidad de Dios.

La diferencia no está en Dios, sino, más bien, en nosotros. Yace en lo que más necesitamos con desesperación en un momento en particular. Dios es siempre el mismo, pero nosotros no. Hay momentos en que necesitamos la misericordia de Dios o el amor de Dios para que inunde nuestras almas y nos saque del pantano de la depresión. Lo maravilloso y asombroso de Dios es que Él será aquello que necesitemos en ese momento preciso.

En términos teológicos sabemos que todos los atributos de Dios son iguales. Son eternos e infinitos, y no cambian. Pero nuestras necesidades sí que cambian. Y cuando necesitamos el amor de Dios no pensamos tanto en su santidad.

Cuando estamos en algún problema necesitamos un atributo de Dios determinado y a veces no sabemos cuál será ese atributo, pero Dios es fiel y se revela a sí mismo en la situación en la que estemos. Dios nos conoce mejor de lo que nos conocemos a nosotros mismos y sabe exactamente qué necesitamos y cuándo.

Padre eterno, fuerte para salvarnos,

Que con el brazo detienes las inquietas olas.

Tú que ordenas al poderoso y profundo océano,

Que se mantenga dentro de los límites que le has marcado,

Escúchanos cuando elevamos a ti nuestra voz

Por aquellos que se encuentran en peligro en el mar.

WILLIAM WHITING (1825-1878)

Dios eterno, me deleito en tus atributos y me encanta meditar en ellos, uno por uno. No puedo llegar a comprenderlos al mismo tiempo, pero tengo

confianza en que cuando necesito de tu amor, cuando necesito de tu misericordia, cuando necesito de tu justicia, allí estarás tú para auxiliarme. Amén.


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