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Por: Kevin DeYoung

EL REINO DE DIOS

¿Qué se entiende por Reino de Dios y voluntad de Dios en el Padre Nuestro? Comencemos con la palabra Reino.

La palabra griega para Reino (basileia) aparece 162 veces en el Nuevo Testamento, por lo que claramente es un término bíblico importante. Aunque el Padre Nuestro usa la palabra Reino como un término autónomo, obviamente es una referencia al Reino de Dios. Cualquier comprensión correcta de reino en el Nuevo Testamento debe enfatizar que es el Reino de Dios. El evangelio de Mateo a menudo lo denomina el «Reino de los cielos», pero esa es simplemente una manera judía de referirse al Reino que pertenece al Dios que vive en el cielo.

Una definición simple es pensar en el Reino de Dios como su dominio y gobierno. Otra forma de pensar en el Reino es considerarlo como la presencia redentora de Dios bajando del cielo a la tierra.

Es importante decir algo aquí sobre la relación entre el Reino y la iglesia. No son idénticas, pero no pueden separarse y, en esta vida, se superponen en gran medida. Podemos pensar en la iglesia como un tipo de puesto de avanzada o una embajada del reino. Una embajada es una avanzada nacional situada en tierra extranjera. La embajada, aunque quiere permanecer pacíficamente en la tierra extranjera, existe para promover los intereses de otro país. De igual forma, la iglesia, que vive en la tierra en varias naciones alrededor del mundo, existe para promover los intereses de otro Reino, un Reino celestial. La iglesia es el lugar donde esperas ver que se honren y se defiendan los valores y las reglas del Reino. Se supone que la iglesia es la avanzada del cielo en la tierra, razón por la que se debe proveer a los pobres en la iglesia y también por la que los malvados y los incrédulos no pertenecen a la iglesia. La razón por la que la iglesia en su misión no se trata de transformación societal es la misma razón por la que la iglesia no lanza a los pecadores al lago de fuego. El cielo en la tierra que buscamos crear es la realidad celestial entre el pueblo de Dios en la iglesia. Sí, creemos en un cielo en la tierra, pero no en un esquema utópico de transformar la sociedad en su totalidad. La historia está plagada de ejemplos tras ejemplos muy malos de personas que pensaron que podían crear el cielo en la tierra. Los intentos humanos de crear el cielo en la tierra han matado a millones de personas.

La vida en la iglesia espera la vida eterna donde se disfrutará la presencia redentora de Dios en su plenitud. En la era venidera, el Reino ya no será algo que haya irrumpido aquí o allá, será todo en todo. Piensa en la buena noticia de Apocalipsis 11:15, que quizás hayas escuchado en el Mesías de Haendel: «El reino del mundo ha venido a ser el reino de nuestro Señor y de su Cristo. Él reinará por los siglos de los siglos». Eso es lo que viene. El Reino de Dios es el mundo celestial irrumpiendo en nuestra existencia terrenal. No piensen en el Reino como una esfera a la cual nos dirigimos, sino como una realidad que viene a nosotros. El Reino revela tanto el significado como el objetivo de la historia. Desde esta breve visión de la historia redentora, podemos ver que el Reino es tanto presente como futuro.

YA PERO TODAVÍA NO

En un sentido, Jesús ya es Rey. En otro sentido, tiene que convertirse en Rey. El Reino de Dios puede referirse a la era que está por venir:

Pero cuando el Hijo del Hombre venga en Su gloria, y todos los ángeles con Él, entonces Él se sentará en el trono de su gloria; y serán reunidas delante de Él todas las naciones; y separará a unos de otros, como el pastor separa las ovejas de los cabritos. Y pondrá las ovejas a su derecha y los cabritos a la izquierda. Entonces el Rey dirá a los de su derecha: «Vengan, benditos de mi Padre, hereden el reino preparado para ustedes desde la fundación del mundo» (Mateo 25:31-34).

Ese es el Reino que viene. Es la era que está por venir, la recompensa celestial.

De igual manera, en Mateo 13, Jesús dice que el Hijo del Hombre enviará a sus ángeles para recoger de su Reino a todos los que provoquen el pecado y a todos los quebrantadores de la ley para lanzarlos al horno de fuego. Luego los justos brillarán como el sol en el Reino de su Padre (Mt 13:41-43). Esa es la era venidera. Y Jesús dice en Juan 18:36 que ese Reino no es de este mundo, lo que quiere decir es que Él no vino a gobernar en un trono terrenal y que su Reino aún no se ha establecido.

Claramente, entonces, el Reino, en un sentido, vendrá. Pero en otro sentido, ha venido. El Nuevo Testamento no tendrá sentido para nosotros hasta que entendamos estas dos cosas: el Reino ha venido y el Reino vendrá. Jesús dice: «Pero si Yo expulso los demonios por el Espíritu de Dios, entonces el reino de Dios ha llegado a ustedes» (Mt 12:28). Está presente. En Lucas 17:21, Jesús les dice a los fariseos que están buscando el Reino en lugares incorrectos al esperar a un rey observable como habían visto en el pasado: «el Reino de Dios», dice Jesús, «está entre ustedes». Ahora, es audaz decir algo así. Si anduviéramos diciendo que «el Reino está aquí mismo entre ustedes porque yo estoy aquí», eso sería una buena razón para que mi iglesia me convierta en su expastor. Pero Jesús puede decirlo porque es verdad. Donde Él está, donde el Rey está, ahí ha llegado el Reino. Y Colosenses 1:13 dice que los creyentes han sido librados del dominio de las tinieblas y trasladados al Reino del amado Hijo de Dios.

El Reino es ya pero todavía no. Es presente y es futuro. Es como cuando el sol se abre camino entre las nubes, pero no ha dejado completamente de llover; podemos sentir el brillo del sol ahora como lo haremos en el futuro. Es por esto que Jesús cuenta tantas parábolas con el mismo punto básico: el Reino parece pequeño e insignificante ahora, pero al final del tiempo será increíblemente grande y glorioso.

Insisto en este punto porque el «Reino» es una de esas áreas en las que cristianos bienintencionados pueden desviar su teología. Necesitamos estar alertas contra ciertas malinterpretaciones sobre el Reino de Dios. Piensa en los apóstoles en Hechos 1. Jesús había resucitado de los muertos y estaba pronto a ascender a los cielos. Y a medida que los discípulos se reunían, le hicieron una pregunta final a Jesús: «Señor, ¿restaurarás en este tiempo el reino a Israel?» (1:6). Dicen que no hay malas preguntas, pero esta estuvo a punto de serlo. Los discípulos mostraron una vez más que no comprenden completamente el tipo de mesías que Jesús es y el tipo de Reino que Él trae.

Asimismo ellos malinterpretaron el tiempo del Reino. Pensaron que estaba siempre presente («en ese tiempo»), cuando en realidad es presente y es futuro. Por esta razón el pasaje de Hechos termina: «Este mismo Jesús, que ha sido tomado de ustedes al cielo, vendrá de la misma manera, tal como lo han visto ir al cielo» (1:11). Malentendieron el dominio del Reino. Seguían pensando en un reino nacional para Israel, cuando Jesús estaba hablando de un Reino universal. La membresía en este dominio no se da por herencia étnica ni geográfica. Entras por fe y arrepentimiento, está disponible y se extiende a todo aquel que entrará por fe y arrepentimiento. Es por esto que Jesús nuevamente corrige sus formas de pensar en Hechos 1:8, diciendo de hecho: «[es algo demasiado pequeño para mí restaurar el reino terrenal de Israel]. Serán mis testigos en Jerusalén, en toda Judea y Samaria, y hasta los confines de la tierra». Este no es un reino para Israel; es un Reino universal.

Más fundamentalmente, malentendieron la naturaleza del Reino. Pensaron que era político y terrenal. A lo largo de todos los Evangelios, las personas estaban esperando que Jesús formara un ejército, los librara de los romanos y estableciera un trono evidente y literal. Pero la buena noticia del Reino no lo sería para los gentiles de Éfeso o Roma si fuera un mensaje sobre un trono terrenal en Jerusalén. No, se trata de un Reino universal, celestial y espiritual. Los violentos intentaron tomar el Reino de los cielos a la fuerza (Mt 11:12), pero Jesús dijo que nadie puede ver el Reino de los cielos a menos que nazca de nuevo (Jn 3:3). Una y otra vez, Él corrige su mala interpretación sobre la naturaleza del Reino. «Creen que esto viene por medios terrenales y no es así. Viene por el Espíritu de Dios». 

No podemos traer el Reino por elecciones, educación, buenas obras humanitarias, mayordomía medioambiental o al cultivar las artes. Aquí es donde no debemos confundirnos. Sí, los valores del Reino deben infiltrar nuestras políticas. Vivir el Reino debe marcar la diferencia en nuestras comunidades. Pero no malinterpretemos la naturaleza del Reino, pues no avanza cuando se plantan árboles, cuando el desempleo decrece, cuando se crea un hermoso arte o cuando las elecciones resultan de una manera u otra. Todo eso pueden ser cosas importantes. Podría reflejar ciertos valores del Reino. No obstante, el Reino viene cuando y donde el Rey es conocido. Cuando Jesús es amado y adorado y es en quien se cree, ahí está el Reino de Dios entre ustedes.

Este artículo es una adaptación del libro The Lord’s Prayer: Learning from Jesus on What, Why, and How to Pray [El Padre Nuestro: aprendamos de Jesús sobre qué, por qué y cómo orar], escrito por Kevin DeYoung.

Este artículo fue publicado originalmente en inglés y traducido con el permiso de Crossway.

*Kevin DeYoung (MDiv, Seminario Teológico Gordon-Conwell) es pastor principal de la Iglesia Christ Covenant en Matthews, Carolina del Norte, presidente de la junta de The Gospel Coalition, profesor asistente de teología sistemática en el Seminario Teológico Reformado (Charlotte) y candidato a doctorado en la Universidad de Leicester. Es autor de numerosos libros, incluyendo Just Do Something. Kevin y su esposa, Trisha, tienen siete hijos.


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