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Por: Miguel Núñez

Este artículo forma parte de la serie «95 tesis para la iglesia de hoy» del Pastor Miguel Núñez

Basada en 1 Corintios 1:22-23

Con frecuencia se escucha en la radio a un locutor que ha recibido instrucción de parte de uno o más pastores para anunciar días de milagros en su iglesia o en un evento en particular. El hombre está programando a Dios y le está diciendo a Dios qué día puede hacer milagros; se anuncia de antemano la realización de dichas obras sobrenaturales.

No negamos que Dios continúa haciendo milagros; creemos que el Dios que hizo milagros ayer lo sigue haciendo el día de hoy, pero no a la manera como el hombre piensa hoy en día, y no a la manera como el hombre quiere diseñarlos tampoco. Creo que es un egocentrismo y un antropocentrismo pensar que el hombre puede dictaminar el día que Dios ha de descender para hacer milagros en un evento en particular. La problemática de aquellos que piensan de esa manera fue la problemática del pueblo judío. Cuando el apóstol Pablo fue a la Iglesia de los corintios les dijo, de una manera muy clara, que los judíos querían señales; continuamente estuvieron pidiéndole a Cristo que les hiciera una señal más. Y en una ocasión, Cristo les anunció a esos judíos que ya no habrían más señales, y que la única señal sería la misma señal que se dio en los tiempos de Jonás: como este estuvo en el vientre de un gran pez tres días y tres noches, de la misma manera el Hijo del Hombre estaría en el corazón de la tierra por tres días y tres noches. Pero Pablo, categóricamente, les dice a esos corintios: “Porque en verdad los judíos piden señales y los griegos buscan sabiduría; pero nosotros predicamos a Cristo crucificado, piedra de tropiezo para los judíos, y necedad para los gentiles” (1 Corintios 1:22-23).

Ese Cristo fue una piedra de escándalo, un tropezadero, para los judíos, pero para los gentiles no era más que una necedad. De esa forma, el predicador de hoy en día necesita recordar que su púlpito tiene que ser cristocéntrico; su enseñanza, su predicación, toda su vida, toda su iglesia debe tener una orientación cristocéntrica. Las señales no producen fe: no lo hicieron en el pueblo judío y no lo están haciendo hoy. La Palabra de Dios es la que produce la fe en el hombre, porque “la fe viene por el oír y el oír por la Palabra de Cristo” (Romanos 10:17). ¡Recuérdalo!


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2 comentarios en «No es del hombre establecer días de milagros – Miguel Núñez»
  1. Totalmente de acuerdo, debemos ver dónde nos congregamos para no ser engañados. Siempre sana doctrina. Bendiciones.

  2. Como puedo acceder al programa de las 95 Tesis. Sólo he escuchado algunas y me parcen correctas me gustaria rscuvhar desde la primera, gracias bendiciones.

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