No olvides compartir ...

Por: ALEX MARK*

Hago ejercicio varios días a la semana en un parque del centro de la ciudad con un grupo de hombres. Un día, me quejé con mi compañero de entrenamiento de que no le había sacado mucho provecho al entreno. Me respondió: «Bueno, es posible que no le hayas sacado mucho provecho porque no pusiste mucho de tu parte».

Auch. Pero tenía razón.

La forma en que experimentamos la adoración corporativa de la iglesia puede seguir el mismo patrón. Podemos obtener tan poco de ella porque, francamente, ponemos tan poco de nosotros en ella. Estamos físicamente presentes, pero espiritualmente desconectados.

La falta de compromiso en la adoración ha sido un gran pecado entre el pueblo de Dios desde el principio. Dios dijo a través del profeta Isaías: «Este pueblo se acerca a Mí con sus palabras / Y me honra con sus labios, / Pero aleja de Mí su corazón, / Y su veneración hacia Mí es solo una tradición aprendida de memoria» (Is 29:13). Setecientos años después, Cristo reiteró las palabras de Isaías: «en vano me rinden culto» (Mt 15:9).

¿Qué evaluación más terrible podría oír una persona de Aquel a quien presume adorar que la de que todo fue en vano? Sin embargo, cada uno de nosotros es probablemente más culpable de esta vanidad de lo que nos gustaría admitir. Es fácil realizar movimientos de adoración sin comprometer nuestros corazones.

Estas son cinco reglas de compromiso que pueden ayudarnos a poner más de nosotros en la adoración corporativa.

1. Prepárate con antelación.

Puede que los domingos sean un día de descanso para los creyentes, pero estoy convencido de que es el día en que Satanás trabaja más duro. Si no puede crear discordia en el hogar, al menos te ayudará a olvidar dónde dejaste las llaves antes de salir para la iglesia. Puede que no sea capaz de mantener tu cuerpo fuera de la iglesia, pero hará todo lo posible para mantener tu corazón en cualquier otro lugar.

No podemos prevenir cada problema, pero un poco de preparación ayuda mucho. Desde el punto de vista logístico, haz lo que puedas para minimizar los problemas: prepara la ropa y el dinero de la ofrenda con antelación, desayuna para que tu estómago no hable más alto que el predicador.

Para la preparación espiritual, cuanto más busques al Señor durante la semana, más entenderás y sacarás provecho los domingos. Por eso nuestra iglesia ofrece con antelación los pasajes de las Escrituras y las canciones del domingo. Repásalos para que estés familiarizado con ellos y listo para encontrarte con Dios antes de llegar a la iglesia. Nuestros corazones se encienden más fácilmente en la adoración cuando las brasas ya están calientes.

2. Recuerda que Dios es el objeto de nuestra adoración.

Decimos que la razón por la que nos reunimos para adorar es Dios, pero ¿cuántas veces nuestras reflexiones posteriores al culto traicionan nuestra verdadera mentalidad? ¿Me gustó el sermón? ¿Era mi estilo de música? ¿Hubo alguien a quien me alegré de ver? Tales preguntas, comunes para la mayoría de nosotros, reflejan la observación de Martín Lutero de que el hombre está «encorvado sobre sí mismo».

Cuando estamos tan encorvados en que lo que más importa es nuestra propia experiencia, nos perdemos la bendición de ser cautivados por la belleza de Alguien infinitamente más grande que nosotros. Cuando hacemos que el culto se centre en nuestra experiencia y no en la gloria de Dios, nos colocamos en el lugar de Dios, como si Su único papel fuera entretenernos.

Debemos recordar que el objeto de nuestra adoración es Dios. Él mira el corazón más allá de la apariencia externa (1 S 16:7).

3. Sé un participante, no un espectador.

¿Qué ocurre cada sábado de otoño en los estadios de fútbol americano universitario en los Estados Unidos? Como alguien dijo en tono jocoso, ochenta mil personas desesperadamente necesitadas de ejercicio se quedan mirando a veintidós personas desesperadamente necesitadas de descanso.

Las iglesias tienden a seguir este mismo modelo. Antes de la Reforma, la adoración era vicaria: una congregación se reunía para ver al clero hacer la labor espiritual. Pero incluso hoy en día, muchas iglesias son vicarias: simplemente nos presentamos para ver a un equipo de alabanza o para escuchar a un predicador.

No estamos llamados a ser espectadores; estamos llamados a ser participantes. Cuando nos reunimos para adorar, nos presentamos para trabajar y debemos estar totalmente comprometidos —corazón, alma, mente y fuerzas— en alabar al Dios vivo.

Entonces, ¿qué debe hacer un participante en el culto?

Combate las distracciones: Tanto si la distracción potencial es tu estómago ruidoso, el vestido totalmente pasado de moda que lleva la mujer que tienes delante o el hombre que canta desafinado detrás de ti, adora a Dios mientras le ofreces tu capacidad de atención.

Canta con todo el corazón: Dios creó tu voz y se complace cuando tu corazón se desborda a través de ella, aunque no suene muy bien. Un día todos podremos escucharnos unos a otros con los mismos oídos santificados con los que Dios recibe hoy nuestras alabanzas. Mientras tanto, recuerda que lo único que puede hacer que nuestras voces sean aceptables para Dios es lo que Jesús hizo por nosotros.

Engánchate con el sermón: No permanezcas pasivo mientras se predica la Palabra. Suelo prestar más atención cuando he leído el pasaje con antelación, tengo la Biblia abierta todo el tiempo y tomo notas. Puede que tengas hábitos diferentes, pero el resultado debe ser el mismo: cuando se siembra la semilla de la Palabra, esta encuentra una buena tierra en un corazón dispuesto y receptivo.

Llévate el sermón contigo: Tu trabajo no termina cuando sales por la puerta de la iglesia. Matthew Henry dice con gran sabiduría: «¿Pensamos que cuando termina el sermón, se acaba el cuidado? No, entonces comienza el mayor de los cuidados».

Así como mi compañero de ejercicio me desafió a invertir más para obtener más del ejercicio, debemos preguntarnos honestamente: ¿Vengo a participar en la adoración, o me veo como un espectador, quedándome quieto mientras otros hacen el trabajo?

4. Sé un animador implacable.

Hebreos 10:25 se usa con frecuencia como recordatorio de la necesidad de la adoración corporativa, y así es, pero a menudo descuidamos el versículo 24: «Consideremos cómo estimularnos unos a otros al amor y a las buenas obras». Una de las principales razones por las que nos reunimos es para animarnos.

¿Qué significa animarnos unos a otros? Significa cuidar intencionalmente de las almas de los demás y guiarnos unos a otros hacia Jesús. Un ministerio de ánimo es un ministerio no reconocido, pero como pastor no puedo pensar en un don más importante que quisiera instar a mi gente a cultivar y desarrollar en la iglesia.

5. Busca activamente a los visitantes.

La mayoría de nosotros sabemos lo intimidante que puede ser visitar una iglesia nueva, y que la calidez de la gente puede hacer o deshacer la visita. Hemos tenido muchos invitados en nuestra iglesia a lo largo de los años y el comentario más común que hacen es sobre la calidez con la que fueron recibidos.

A menos que seas uno de esos pocos a los que les encanta conocer personas nuevas, buscar a los visitantes puede ser difícil. Abundan la incertidumbre y la inseguridad: ¿Lo he conocido antes? ¿Pensará que soy raro si voy y entablo una conversación con él? No dejes que las inseguridades te impidan hacer lo que Dios quiere y los visitantes necesitan. Ve, preséntate (aunque te hayan visto antes y hayas olvidado su nombre). Pide a alguien que esté solo que se siente contigo. Presenta a un visitante a otra persona.

También puedes poner uno o dos sitios adicionales en la mesa de la comida para poder invitar a alguien. Sean cuales sean los defectos de tu iglesia, si das de comer a la gente, seguirá viniendo. La buena comida cubre una multitud de debilidades.

Me doy cuenta de que todo esto puede ser abrumador, especialmente si tu tendencia ha sido desentenderte del culto. Los viejos hábitos son difíciles de erradicar. Pero recuerda que para eso vino Jesús. Como le dijo a la mujer samaritana, el Padre busca adoradores (Jn 4:23). Jesús no vino solo a darnos vida eterna; vino a darnos Su Espíritu para que nos impulsara desde dentro y pudiéramos presentar una adoración que agradara a Su Padre.

Lo que el Padre busca, el Espíritu lo hará posible para gloria del Hijo. Así que adoremos a Dios este domingo.

Publicado originalmente en The Gospel CoalitionTraducido por Eduardo Fergusson.

Alex Mark (MDiv, Reformed Theological Seminary, Charlotte) ha servido como pastor principal de First Scots Presbyterian Church (PCA) en Beaufort, Carolina del Sur, desde 2013. Alex y su esposa, Stefany, tienen tres hijos: Joshua, Charlie y Samuel.


Puedes seguirnos en , Messenger,Facebook, Telegram o Youtube. También puede suscribirse a nuestro boletín por correo electrónico.


No olvides compartir ...

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

× Recibe nuestros artículos