No olvides compartir ...

Este artículo forma parte de la serie: «Oraciones Puritanas«

¡Oh Dios, Altísimo, Gloriosísimo!

El pensamiento de Tu Infinita serenidad me alegra, pues estoy afanando y sufriendo, perturbado y angustiado, más Tú estás para siempre en perfecta paz. Tus planes no causan ningún miedo recelo o precaución de insatisfacción, permanecen firmes como los montes eternos. Tu poder no conoce ninguna obligación, Tu bondad ninguna restricción. Tú derribas órdenes en la confusión, y mis derrotas son Tus Victorias: El Señor Dios omnipotente reina.

Yo vengo a Ti como pecador, con las preocupaciones y las tristezas, para lanzar cada ansiedad enteramente a Ti, cada pecado clama por la sangre preciosa de Cristo; revive la profunda espiritualidad en mi corazón; permítanme vivir cerca del gran Pastor, oír su voz, conocer Sus sonidos, seguir Sus llamadas. Guárdame de engaño para que me hagas vivir en la verdad; Del mal, ayudándome a caminar en el poder del Espíritu. Dame más fuerza de fe en las verdades eternas, ardiendo dentro de mí por la experiencia de las cosas que yo conozco; hazme que yo jamás este avergonzado de la Verdad del Evangelio, para que yo pueda soportar sus reproches, reivindico que, veo a Jesús en su esencia, conociendo el poder del Espíritu.

Señor, ayúdame, porque yo estoy a menudo tibio y frío; la incredulidad deforma mi confianza, el pecado me hace olvidarte a Ti. Haz que las malas hierbas que crecen en mi alma sean cortadas en sus raíces; concédeme conocer que verdaderamente yo vivo sólo cuando yo vivo para Ti, que todo lo demás sea insignificante. Que solamente en Tu presencia puede hacerme santo, devoto, fuerte y feliz. Habita en mí, misericordioso Dios.

Tomado de “El Valle de La Visión



No olvides compartir ...

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

× Recibe nuestros artículos