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Por: John MacArthur

Así como el corazón bombea la sangre que da vida a cada parte del cuerpo, la resurrección da vida a cada área de la verdad del evangelio. La resurrección es el eje alrededor del cual gira todo el cristianismo y sin la cual todas las demás verdades no podrían sostenerse. Sin la resurrección, el cristianismo sería solo un pensamiento nostálgico, que ocuparía un lugar junto a todas las demás filosofías humanas y especulaciones religiosas.

La resurrección era el punto central de todas las otras verdades enseñadas por Cristo. Él enseñó a sus discípulos que “le era necesario al Hijo del Hombre padecer mucho, y ser desechado por los ancianos, por los principales sacerdotes y por los escribas, y ser muerto, y resucitar después de tres días” (Mr. 8:31; cp. 9:9, 31). También dijo: “Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá” (Jn. 11:25). Los dos primeros sermones predicados después de Pentecostés se enfocaron ambos en la resurrección de Cristo (Hch. 2:14-36; 3:12-26). Debido a esa verdad, los descorazonados seguidores del crucificado rabí se convirtieron en los testigos valerosos y mártires que, en unos pocos años, esparcieron el evangelio por todo el Imperio Romano y más allá. La creencia en la resurrección, la verdad de que esta vida es solo un preludio a la vida venidera que disfrutarán los que confían en Cristo Jesús, no la pudo destruir la burla, la cárcel, la tortura, ni siquiera la muerte. Ninguna clase de temor o terror en esta vida puede apagar la esperanza y el gozo de una vida venidera que está asegurada.

El verdadero cristianismo del Nuevo Testamento es la religión de la resurrección. John Locke, el filósofo británico del siglo XVIII, dijo: “La resurrección de nuestro Salvador es de tremenda importancia para el cristianismo, tan grande que depende de ella el ser o no ser el Mesías”.

A causa de que es la piedra angular del evangelio, la resurrección ha sido el blanco de los más grandes ataques de Satanás contra la iglesia. Si la resurrección queda eliminada, el poder de dar vida del evangelio es eliminado, como también lo es la deidad de Cristo, la salvación del pecado y la vida eterna. “Si en esta vida solamente esperamos en Cristo, somos los más dignos de conmiseración (le todos los hombres” (1 Co. 15:19). Si Cristo no vivió después de la tumba, tampoco pueden esperar hacerlo los que confían en Él.

Sin la resurrección no habría sido posible la provisión de la salvación, y tampoco se puede recibir la resurrección sin creer en la resurrección. “Si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo” (Ro. 1(1:9). Por lo tanto, no es posible ser cristiano y no creer en la resurrección de Cristo Jesús.

Fragmentos del Comentario MacArthur del Nuevo Testamento: Primera Corintios


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