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Por: KARLA DE FERNÁNDEZ*

La maternidad es gloriosa, pero no siempre es glamorosa y se vive por etapas. Su vida, rutina, alimentación, finanzas y hasta su vestuario empiezan a cambiar desde que sabe que será mamá. Pero hay un nuevo cambio mayúsculo cuando da a luz: ahora cuidará a un bebé que durante los primeros meses de vida dependerá totalmente de ella. 

Tengo que ser honesta y reconocer que esta etapa es agotadora. Nuestras manos están llenas y nuestro tiempo está copado 24/7. Las mamás con bebés viven entre pañales, lactancia, biberones, una rutina de sueño alterada, recuperación posparto, atender el hogar y servir a su familia.

Pero así como en los primeros meses con nuestros bebés, la etapa en la que los hijos van creciendo ¡también es agotadora! Todo el tiempo debes estar pendiente de ellos para que no se lastimen, no se coman lo primero que encuentran en el piso, que duerman bien, que aprendan a controlar los esfínteres, que no abran la puerta sin permiso y muchas cosas más.

Algunas mamás están cansadas no solo por la maternidad en sí, sino porque también trabajan, estudian o sirven en su iglesia local. ¿Te sientes identificada? ¿Has pensado que no puedes seguir bajo esta presión y con este cansancio continuo?

Permíteme compartirte tres verdades en donde podrás encontrar descanso y esperanza cuando te sientas abrumada y cansada.

Descansa en la obra de Cristo

En medio de tantas responsabilidades y el cansancio de la maternidad, corremos el riesgo de olvidar lo único que no debiéramos olvidar jamás: La obra de Cristo.

Jesús murió para que todos los que se arrepienten de sus pecados puedan recibir el perdón de Dios y así gocen de una relación restaurada con Él. Aunque le pertenecemos, igual nos llama a permanecer en Él para que dejemos de vivir en nuestras propias fuerzas (Jn 15:5). Vivamos dependiendo de Él en todo, confiando en que Él es suficiente y que en Él estamos completas (Col. 2:9), aun cuando pareciera que los días son cada vez más complicados durante nuestra maternidad. Él es suficiente y por su obra en la cruz vivimos con esperanza en Él.

Descansa buscando a Dios

Gracias a Cristo podemos entrar con confianza al trono de la gracia y presentarnos delante de Dios en oración y súplica. Pero así como comunicarnos con el Señor es importante, también necesitamos estar sumergidas en su Palabra. 

Sabemos que necesitamos estar en la Palabra, es decir, leerla y meditar en ella para conocer a Dios y conocer su plan de redención. Así también conoceremos su voluntad, sus promesas, y hallaremos descanso junto a las aguas que sacian nuestra sed (Mt 11:28).

En Cristo encontramos descanso para nuestra alma atribulada y cansada (Mt 11:28). Él nos da fuerzas para seguir un día más. Por eso es importante que no descuidemos la oración ni la lectura de la Palabra. Siempre hay tiempo para hacerlo, en cada etapa de nuestras vidas y la vida de nuestros hijos. 

Habrá momentos en los que tu tiempo de oración será sin interrupciones y durante un largo tiempo. Habrá otros en los que orarás mientras estás cambiando los pañales o amamantando a tu bebé. Habrá momentos en los que la lectura de la Biblia será con un café caliente frente a una ventana o escuchándola mientras cocinas o llevas a tus niños al colegio. Cristo está presente, en cada momento, así como lo prometió (Mt 28:20).

Descansa en compañía de tu familia

Dios es un Padre bueno y nunca nos ha dejado solas. Tenemos a Cristo y al Espíritu Santo (Jn 14:16-17) que mora en nosotras, pero también nos ha dado una familia de sangre y una familia en Cristo.

Tenemos a nuestros esposos, padres, hermanos y amigas con quienes podemos apoyarnos. Tenemos una gran familia en Cristo con quienes Dios, en su bondad y gracia, nos ha unido. Una familia que puede sostenernos con sus oraciones y ayudarnos en compañía al practicar la hospitalidad.

La familia de la fe nos permite recordarnos unos a otros la esperanza que tenemos en Cristo. Es donde recordamos su obra en nosotros un día a la vez, y donde estamos siendo perfeccionados, santificados y animados a correr la carrera de la fe con fidelidad. Nos necesitamos unos a otros como iglesia, pues somos un solo cuerpo y miembros los unos de los otros (1 Co 12:26-27).

Mamá, no te canses de adorar

Por último, todo lo que se vive en la maternidad no es desconocido por el Dios que gobierna sobre todo (Sal 103:19). En su soberanía y sabiduría, ha destinado que el tiempo de la maternidad sea así: no siempre glamoroso, pero siempre glorioso. 

No obstante, en esos tiempos en que todas las mamás estamos cansadas, podemos agradecer por el cuidado de Dios para con nosotras y nuestros hijos.

Adoremos a Dios en la etapa que nos encontramos. Dios está presente, así que no desmayemos. Permanezcamos firmes, constantes y perseveremos porque nuestro trabajo en el Señor no es en vano (1 Co 15:57-58). 

Recuerda que todo ayuda a bien (Ro 8:28), y nuestra maternidad está ayudando a formar a Cristo en nosotras. Así que, aun en medio del cansancio, adora a Dios por la obra qué Él está haciendo en nuestras vidas. 

Podemos adorar y descansar en la esperanza de que Dios, por medio de Cristo, nos fortalecerá y nos dará la sabiduría necesaria para realizar la tarea más grande que ahora tenemos en nuestras manos: criar a nuestros hijos en la disciplina y amonestación del Señor (Ef 6:4).

Publicado originalmente aquí.

Karla de Fernández está casada con Jorge Carlos y es madre de tres niños. Con su esposo radican en Querétaro, México, donde son miembros de iglesia SOMA. Es autora de Hogar bajo Su graciaEl azul es para los niños, El temor y nuestra sed de aprobación y Una mujer elegida. Puedes encontrarla en YouTubeInstagramFacebook y Twitter.


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