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Por: Dr. David Jeremiah

Los ángeles son siervos de Dios (y nosotros también)

La Escritura menciona directamente al menos tres maneras en que somos cómo los ángeles. Juntas, apuntan especialmente a nuestro futuro eterno, que disfrutaremos en la presencia de los ángeles.

Cuando el apóstol Juan quiso adorar a un ángel, lo que este señaló con su respuesta (después de decir a Juan: “Mira, no lo hagas”), era cómo se parecían él y Juan. Esto sucedió un par de veces. Primera: “Pero él me dijo: … yo soy consiervo tuyo, y de tus hermanos que retienen el testimonio de Jesús” (Apocalipsis 19:10).

Y después:

“Pero él me dijo:… yo soy consiervo tuyo, de tus hermanos los profetas, y de los que guardan las palabras de este libro” (22:9).

El ángel era siervo de Dios, así como Juan y los profetas eran siervos de Dios; y como somos todos nosotros siervos de Dios cuando damos una palabra de testimonio por su causa y a su favor. Siervo es uno de los nombres más utilizados en las Escrituras para referirse a quienes siguen al señor —y especialmente a quienes nosotros pudiéramos llamar fácilmente “líderes”. Los apóstoles no se adornaban con títulos distinguidos. Su palabra favorita para describirse a sí mismos era “siervos”. Pablo, Pedro, Santiago, Judas y Juan mismo —todos ellos— la utilizaban (basta con echar un vistazo al primer versículo de Romanos, 2 Pedro, Santiago, Judas y Apocalipsis).

Igualmente en el Antiguo Testamento, Moisés, Josué, Samuel, David y Elías, son todos llamados siervos (Éxodo 14:31, Josué 24.:29, 1 Samuel 3:10, 2 Samuel 3:18, 2 Reyes 9:36).

Cuanto “más alta” sea su posición en la familia de Dios, más llamado está a servir. Incluso, si de alguna manera usted alcanzara el equivalente del estatus de un ángel en esta vida, aun así seguiría siendo simplemente un siervo que cumple su deber para con Dios. Los ángeles también son siervos, “espíritus ministradores enviados para servicio”.

Pablo felicitó una vez a los gálatas por haberlo tratarlo como a un ángel: “Me recibieron como a un ángel de Dios”, dijo, “como si se tratara de Cristo Jesús” (4:14). Los gálatas probablemente no cayeron de rodillas llenos de temor reverente en adoración ante Pablo; sino que le habrían mostrado una sincera gratitud y respeto por su servicio a ellos, lo mismo que los ángeles y Cristo mismo les habían servido a ellos.

Pero el servicio no les corresponde solamente a los líderes y a los ángeles. “Sírvanse unos a otros con amor” nos dice Pablo a todos nosotros. Cuando lleguemos al cielo, todos desearemos escuchar la felicitación: “Bien, buen siervo y fiel”, de los labios del Señor. Por tanto, servimos a los demás como servimos a Dios, ya que ese es el ejemplo que Jesús nos ha dado. “Quien quiera servirme, debe seguirme”, nos dice; “y donde yo esté, allí también estará mi siervo” (Juan 12:26).

Nuestro privilegio de poder rendir servicio a Dios continuará en la eternidad. Juan vio mi futuro y el de usted en su visión: Quienes han sido lavados en la sangre del Cordero “están delante del trono de Dios, y día y noche le sirven en su templo” (Apocalipsis 7:15). Cuando venga la nueva Jerusalén, “el trono de Dios y del Cordero estará en la ciudad, y sus siervos le servirán” (22:3).

Crezcamos en más conocimiento y en más amor para servir al Señor ahora mismo, y para que podamos después disfrutar aún más en su servicio a Él.

*David Jeremiah es un autor cristiano evangélico estadounidense, fundador de Turning Point Radio and Television Ministries y pastor principal de Shadow Mountain Community Church, una megaiglesia bautista del sur en El Cajon, California, un suburbio de San Diego


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