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Por: Jeremiah Burroughs*

Este artículo forma parte de la serie: El contentamiento cristiano

(1) SE OPONE A LA MURMURACIÓN Y QUEJA DE LA MANO DE DIOS

Tal como solían hacer los israelitas descontentos. Si no podemos soportar esto de nuestros hijos ni de nuestros sirvientes, mucho menos puede Dios soportarlo de nosotros.

2) SE OPONE A LA EXASPERACIÓN E IRRITACIÓN

Esto es un grado más allá de la murmuración. Recuerdo el dicho de un pagano: «Un hombre sabio puede lamentarse, pero no sentirse irritado por sus aflicciones». Hay una gran diferencia entre una lamentación afable y una irritación desordenada.

3) SE OPONE A LA TUMULTUOSIDAD DE ESPÍRITU

Cuando los pensamientos van distraídamente y operan de manera confusa, de modo que los afectos son como la multitud rebelde en Hechos, que no sabían con qué propósito se habían reunido. El Señor espera que guardes silencio bajo Su vara y, como se dijo en Hechos 19:36: «Es necesario que os apacigüéis, y que nada hagáis precipitadamente».

4) SE OPONE A UN ESPÍRITU INESTABLE O INCONSTANTE

Tal espíritu por el cual el corazón se distrae del deber presente que Dios requiere de nuestras diversas relaciones: hacia Dios, nosotros mismos y los demás. Debemos valorar el deber a un nivel más elevado en lugar de distraernos por cada ocasión trivial. De hecho, un cristiano valora tanto cada servicio a Dios que, aunque algunos pueden ser a los ojos del mundo y de la razón natural un asunto leve y vacío o elementos miserables y necedades, la autoridad del mandamiento sobrecoge tanto su corazón que está dispuesto a gastarse y ser gastado en su cumplimiento dado que Dios lo exige.

Lutero expresó que las obras ordinarias, que son hechas en fe y a partir de la fe, son más preciosas que el cielo y la tierra. Y si esto es así, y un cristiano lo sabe, no debe distraerse con pequeños asuntos, sino que debe responder a todas las ocupaciones y resistir todas las tentaciones, como Nehemías hizo con Sanbalat, Gesem y Tobías (cuando quisieron obstaculizar la construcción del muro) con esto: «Yo hago una gran obra, y no puedo ir; porque cesaría la obra, dejándola yo para ir a vosotros»(Neh 6:3)

Fragmentos tomados del libro «La rara joya del contentamiento cristiano», puede obtener más detalles de este libro AQUÍ.

*Jeremiah Burroughs (1599-1646) fue amado por su predicación y su espíritu amable y fue perseguido por su inconformidad con la Iglesia de Inglaterra. Sintiéndose obligado a huir a Holanda por un tiempo, finalmente regresó a Inglaterra y predicó en las congregaciones de Stepney y Cripplegate en Londres, dos de las congregaciones más grandes de Inglaterra. También sirvió como miembro de la Asamblea de Westminster hasta su muerte en 1646.


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