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Por: Charles Spurgeon

El estudio adecuado de los elegidos de Dios, es Dios. La ciencia más alta, la especulación más elevada, la filosofía más poderosa, que puede captar la atención de un hijo de Dios, es el nombre, la naturaleza, la persona, la obra, los actos y la existencia del gran Dios a quien llama su Padre. ¡Hay algo sumamente enriquecedor para la mente en la contemplación de la Divinidad! Es un tema tan vasto, que todos nuestros pensamientos se pierden en su inmensidad; tan profundo, que nuestro orgullo se ahoga en su infinitud.

Otros temas podemos abarcar y lidiar con ellos, en los que sentimos una especie de auto-satisfacción, y seguimos nuestro camino con el pensamiento: “¡He aquí que soy sabio!” Pero cuando llegamos a esta ciencia maestra, encontrando que nuestra plomada no puede sondear su profundidad, y que nuestro ojo de águila no puede ver su altura, nos alejamos con el pensamiento de que el hombre vano sería sabio, pero es como el potro de un asno salvaje; y con la solemne exclamación: “¡Soy de ayer, y no sé nada!” Ningún tema de contemplación tenderá más a humillar la mente, que los pensamientos de Dios.

El estudio más excelente para expandir el alma es la ciencia de Cristo y Él crucificado, y el conocimiento de la Divinidad en la gloriosa Trinidad. Nada ampliará tanto el intelecto, nada magnificará tanto el alma entera del hombre, como una investigación devota, seria y continua del gran tema de la Deidad. Si bien es humillante y expansivo, este tema es eminentemente consolador.

¡Oh, hay en la contemplación de Cristo, un bálsamo para cada herida! En la meditación sobre el Padre, hay una quietud para cada pena. En la influencia del Espíritu Santo, hay un bálsamo para cada llaga.

¿Quieres perder tus penas? ¿Quieres ahogar tus preocupaciones? ¡Entonces ve, sumérgete en el mar más profundo de la Divinidad! Piérdete en Su inmensidad, y saldrás como de un lecho de descanso, refrescado y vigorado.

No sé nada que pueda… consolar tanto el alma, calmar tanto las olas crecientes de la pena y el dolor, hablar tanta paz a los vientos de la prueba, como una meditación devota sobre el tema de la Divinidad.

Salmo 115:3 “Nuestro Dios está en los cielos; Todo lo que quiso ha hecho.”

Salmo 135:5-6 “Porque yo sé que Jehová es grande, Y el Señor nuestro, mayor que todos los dioses.  Todo lo que Jehová quiere, lo hace, En los cielos y en la tierra, en los mares y en todos los abismos.”


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