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Por: Thomas Brooks

Este artículo forma parte de la serie: Enmudecido bajo la disciplina de Dios.

Cuando el alma rodante y turbulenta yace quieta, entonces Dios puede verter mejor en ella las aguas dulces de la misericordia y las aguas revitalizadoras del consuelo divino.

Ustedes leen acerca del «fruto apacible de justicia» (He. 12:11). «Es verdad que ninguna disciplina al presente parece ser causa de gozo, sino de tristeza; pero después da fruto apacible de justicia a los que en ella han sido ejercitados». «Y el fruto de justicia se siembra en paz para aquellos que hacen la paz» (Stg. 3:18).

El alma quieta y tranquila es como una barca que yace quieta y tranquila en el puerto. Ustedes pueden recibir los bienes y mercancías que desean, mientras la barca yazca quieta y tranquila. De la misma manera, el alma que está quieta y tranquila bajo la mano de Dios es la más apropiada y conveniente para recibir mucho de Dios, de Cristo, del cielo, de las promesas, de las ordenanzas, y del amor de Dios, de las sonrisas de Dios, de los mensajes de Dios y del consejo de Dios. Pero cuando las almas están inquietas, son como un barco en una tormenta -no pueden recibir nada.»

Lutero, hablando de Dios, dice: «Dios no habita en Babilonia, sino en Salem. Babilonia significa confusión y Salem significa paz». Dios entonces no mora en espíritus intranquilos y confusos, sino que mora en espíritus apacibles y silenciosos. Los espíritus inquietos no pueden recibir consejo ni consuelo, ni gracia ni paz, etc. «Mi alma rehusaba consuelo» (Sal. 77:2).

Tomado del libro de Thomas Brooks “El cristiano enmudecido bajo la disciplina de Dios”

*Thomas Brooks (1608-1680): Predicador congregacional; autor de Preciosos remedios contra las artimañas de Satanás (Precious Remedies against Satan’s Devices). Lee más datos biográficos EN ESTE ENLACE.


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