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Por: A. W. Pink

Primero, esto demuestra que tu corazón es honesto. Si te lamentas y dueles por las inclinaciones y pecados de tu corazón, eso es algo que un hipócrita no hace. Más de uno que tenía una mente mejor que la mía está en el infierno; pero más de uno que se quejaba y lamentaba por tener un corazón tal malo como el tuyo está en el cielo.

Segundo, Dios nunca te pasaría por tantas cargas y pruebas si Su idea no fuera el beneficio de tu corazón. Tú dices, Señor, ¿por qué tengo que lamentarme todos los días con dolor en el corazón? Por mucho tiempo he sido probado, y, sin embargo, su dureza no se rompe. Por muchos años he estado luchando contra vanos pensamientos, y aun mi mente está llena de ellos. ¿Cuándo tendré un mejor corazón? Pues Dios, lo que te quiere mostrar es lo que tu corazón es por naturaleza, y que tomes nota de cuán agradecido debes estar con Su gracia inmerecida. Así, también Él te mantiene humilde, y no permite que te enamores de ti mismo.

Tercero, Dios pondrá un bendito final a todos estos dolores de cabeza. Viene el tiempo cuando tu corazón será como quisieras tenerlo, cuando serás liberado de todo temor y toda tristeza, y nunca exclamarás otra vez «cuán vano, duro, mundano y sucio es mi corazón». Entonces toda oscuridad en el entendimiento será desecha, al igual que toda vanidad de tus afectos, toda culpabilidad de tu conciencia, toda perversidad de tu voluntad. Serás eternamente satisfecho con las supremas e infinitas bondades de Dios. Pronto amanecerá sin nubes; las sombras se desvanecerán, y entonces diremos «seremos semejantes a Él, porque le veremos tal como Él es» (1 Juan 3:2). ¡Aleluya!

Tomado de «Cristianismo práctico» de A. W. Pink. 

*A.W. PinkFue un teólogo, evangelista, predicador, misionero, escritor y erudito bíblico inglés, conocido por su firme postura calvinista y su gusto por las enseñanzas de las doctrinas puritanas


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