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Por: R. C. Sproul.

Este artículo forma parte de la serie «Qué buena pregunta«

Las Escrituras nos dicen que “cual es su pensamiento en su corazón, tal es él” (Pr. 23:7, RV60). Generalmente mis pensamientos parecen estar llenos de pecado, y a pesar de eso soy cristiano. ¿Cómo resuelvo esto?

El versículo que usted ha citado es crucial. Suena extraño porque cuando hablamos de pensar, habitualmente identificamos los pensamientos y el proceso de pensamiento con la cabeza, con el cerebro. ¿Por qué la Biblia dice: “cual es su pensamiento en su corazón”? No pensamos en nuestros corazones; pensamos en nuestras cabezas. Creo que las Escrituras usan el término corazón para describir lo que llamaríamos el centro. Indica el foco de nuestro pensamiento; de manera que el centro, el núcleo, el corazón de nuestros pensamientos es lo que produce lo que somos. En otras palabras, aquello en lo cual mi mente se concentra determina lo que llego a ser como persona.

Este es un concepto crítico porque la gente siempre me dice que no quiere estudiar teología; no quieren estudiar asuntos intelectuales porque lo que realmente les preocupa son las dimensiones prácticas de la vida cristiana. Sin embargo, para toda práctica hay siempre una teoría. Cada uno de nosotros hace práctica alguna teoría significativa de vida. Vivimos conforme a lo que pensamos. Podemos no ser capaces de articular esa teoría de una manera técnica, pero todos tenemos una teoría según la cual vivimos el lado práctico de nuestra vida. Es por eso que Jesús nos dice que enderecemos nuestro pensamiento. Lo que consideremos como importante controlará las normas prácticas de nuestro vivir.

Usted mencionó la frustración que tiene con el conflicto entre lo que sabe que su mente debería estar pensando y las cosas que realmente se deslizan al interior de ella. Uno de los mejores tratados sobre la oración que he leído viene de la pluma de Juan Calvino, el teólogo francés de la Reforma, en su Institución. Yo acostumbraba a pedir que mis alumnos leyeran su capítulo sobre la oración antes de que leyeran cualquier otra cosa, de modo que pudieran familiarizarse con Calvino, el gigante espiritual, el hombre que tenía una pasión tan grande por el corazón de Dios. Tenía una intensa vida devocional. Calvino lamenta el hecho de que aun en medio de su oración, su mente era invadida por pensamientos pecaminosos. Esto es normal en el ser humano, y debemos aprender a superar dichos pensamientos invasivos tal como aprendemos a tratar con otros aspectos de nuestra naturaleza pecaminosa. El apóstol nos dice que deberíamos prestar la mayor atención a todo lo puro, todo lo verdadero y todo lo amable. En el terreno de la computación, tenemos una expresión que se conoce como el principio GIGO: Garbage in, garbage out —basura entra, basura sale. Si llenamos nuestras mentes con basura, nuestras vidas comenzarán a manifestar el hedor de esa basura. Creo que la clave es llenar nuestra mente con las cosas de Dios.

Tomado de ¡Qué buena pregunta! Copyright © 1996 por R.C. Sproul.  


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