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Por: Charles Spurgeon

Él respondió: Entonces te ruego, padre, que mandes a Lázaro a la casa de mi padre, para que advierta a mis cinco hermanos y no vengan ellos también a este lugar de tormento. LUCAS 16:27-28

En mi imaginación, oro para que solo sea en mi imaginación, veo que algunos de ustedes mueren sin ser salvos; y los veo pasar al otro mundo no perdonados, y por primera vez su alma se percata de cuál fue la experiencia del hombre rico de quien el Salvador dijo: «En el infierno levantó los ojos», como si antes hubiera estado dormido y acabara de despertarse a su verdadera condición.

«Levantó los ojos» y miró a su alrededor pero no podía ver nada, excepto aquello que le causaba abatimiento y horror; no había huellas de gozo ni esperanza, ninguna pista de alivio o paz. Entonces, en medio de la tristeza terrible llegó el sonido de preguntas como: «¿Dónde estás, pecador? Hace una semana estabas en una casa de oración y el predicar te instó a que buscaras al Señor pero tú lo dejaste para después. ¿Dónde estás ahora? Dijiste que no existía un lugar como el infierno y, ¿qué dices ahora? ¿Dónde estás? Despreciaste al cielo y rechazaste a Jesús, ¿dónde estás ahora?» ¡Que el Señor en su misericordia nos libre a todos de eso!


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