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Por: L.R. Shelton Jr

Este artículo forma parte de la serie: Amadores de sí mismos.

«Si alguno viene a mí, y no renuncia a su padre y a su madre, ni a su mujer y sus hijos, ni a sus hermanos y hermanas, y ni siquiera a su propia vida, no puede ser mi discípulo. Juan 14: 26

Además, vemos en estos pasajes la consecuencia final de un amor excesivo hacia la vida de uno, y de un amor excesivo por el “yo”. Es que demasiados se enamoran de sí mismos, y pierden su vida por causa de ese amor. El que ama su vida humana o sus pasiones tanto que satisface sus apetitos y los deseos de la carne, acortará sus días y perderá la vida que tanto estima. No heredará esa vida infinitamente mejor, que es la vida eterna con Cristo en gloria después de su muerte. El que está tan enamorado de la vida de este cuerpo y sus adornos y deleites hasta el punto de negar a Cristo la perderá; o sea que perderá la verdadera felicidad en el mundo venidero, mientras procura asegurarse una felicidad ilusa en este mundo.

Esto es lo que es tan fatal en este error de este evangelio falso del cristianismo carnal que ha producido este fruto de “amadores de sí mismos” o sea el egoísmo. Sostiene que vivimos en una era iluminada y que, por lo mismo, debemos amarnos a nosotros mismos, amar el dinero y los placeres porque, ¿acaso no vino Cristo para darnos una vida abundante, acaso no somos hijos del Rey y, por ser sus hijos, nos corresponde tener lo mejor de la vida? Sí, el Señor sí dijo que vino para dar vida y ésta más abundante (Juan 10:10). Pero recuerda que vino para dar vida espiritual a su pueblo, la cual es una vida más abundante, no una vida de abundancia de cosas materiales que sólo producen más amor al “yo” y más amor al dinero y a los placeres al punto de condenar nuestra alma. Si tu alma tiene una inclinación hacia estas cosas, mi querido amigo, ¡tus afectos son erróneos debido al pecado!

¡Dame tu atención! porque conozco los argumentos del profesante carnal que quiere seguir en sus pecados y vivir en los dos reinos al mismo tiempo. Son: “¿Acaso no nos dice Dios que amemos a nuestro prójimo como a nosotros mismos? ¿Y cómo puede uno amar a otro si no sabe amarse a sí mismo?” O dice: “Es sabido que a menos que uno aprenda a amarse correctamente a sí mismo, nunca aprenderá a amar a su prójimo”. No te dejes engañar por este razonamiento carnal, aunque te parezca razonable; porque las Escrituras no enseñan eso. La razón por la cual muchos se valen de este razonamiento carnal y tergiversan las palabras de nuestro bendito Señor en Mateo 22:34-40, pretendiendo que enseñan algo que no enseñó, no es para poder amar más a sus prójimos, sino para poder dedicarse más a los placeres y deleites de este mundo. Si examinas bien la cuestión con un corazón sincero, verás que éste es el motivo. De este modo, pueden entregarse a sus apetitos carnales: ¡sus deseos de abrazar a otro hombre que no es su marido, o a otra mujer que no es su esposa, o abandonar sus obligaciones de familia, hijos y hogar, y vivir en un mundo donde ellos son el rey o la reina! Y se justifican diciendo: “Tengo que encontrarme a mí mismo, tengo que encontrar mis raíces. Tengo que tener auto estima y tengo que…” Efectivamente, creen que tienen que tener todo esto, y ¡también se llevarán todo eso al infierno! Pero lo triste de todo esto, ¡es que todavía se creen que son salvos! Todavía tienen apariencia de piedad, ¡pero solo viven para sí mismos!

Fragmentos tomados del libro «El verdadero evangelio de Cristo vs.. el evangelio falso del cristianismo carnal – L. R. Shelton Jr«, puede descargar el libro EN ESTE ENLACE.


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