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Por: William Gurnall

No te desanimes cuando Dios permite alguna cruz o aflicción en tu vida. Si te trae primero su misericordia, también puedes confiar en Su bondad cuando te traiga Su vara. Tienes la miel que endulza la copa más amarga. Cuando Samuel fue a Belén, «los ancianos de la ciudad salieron a recibirle con miedo, y dijeron: ¿Es pacífica tu venida? Él respondió: Sí» (1 S. 16:4,5). Así, cuando una aflicción gravosa recae por un tiempo sobre el cristiano, puede causarle temor, hasta que sepa la razón de ella. Si has hecho las paces con Él, el temor se desvanecerá; puedes estar seguro de que la aflicción ha venido de Dios en una misión de misericordia.

Cristiano, ¿qué hay que te pueda separar del gozo de la paz de Dios? ¿Temes la ira de los hombres? Tal vez tienes muchos enemigos, y poderosos. ¡Que den rienda suelta a su ira! ¿Está Dios entre ellos, o no? ¿Toma él prestada la venganza de ellos para derramarla sobre ti? Si no, te preocupas inútilmente. Y afrentas a Dios, cuya misericordia te puede proteger de Su furia, al no santificar su Nombre en tu corazón: «Si Dios es por nosotros, ¿quién contra nosotros?» (Ro. 8:31). Aunque te rodeen, no hace falta temerlos más que una paja al viento. También te afrentas a ti mismo, porque mientras estés esclavizado a este temor paralizante de la pasión humana, nunca probarás la verdadera dulzura del amor de Dios.

Puede que seas pobre, o estés enfermo y atribulado. ¿Evitará la misericordia reconciliadora de Dios que murmures contra él, y frenará tus miradas envidiosas a la prosperidad de los impíos? Recuerda que tienes un tesoro maravilloso que nadie puede reclamar, aun en la cima de la gloria mundana: «Puede que sea pobre y esté enfermo, pero por la misericordia de Dios tengo su paz». Si esta palabra se medita, lo cambia todo: la felicidad del pecador próspero en luto, y la pena del cristiano en gozo.

Para leer la biografía de William Gurnall, sigue ESTE ENLACE.


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