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Por: A. W. Tozer

Este artículo forma parte de la serie «Encuentros con el Dios Todopoderoso»

Los israelitas hicieron todo lo que el SEÑOR le mandó a Moisés: acampaban bajo sus propios estandartes, y se ponían en marcha, según sus clanes y familias patriarcales. NÚMEROS 2:34

Recuerdo que cuando era un joven cristiano tuve mi primera visión imponente, maravillosa y fascinante de Dios. Estaba en Virginia Occidental, en el bosque, sentado en un tronco leyendo las Escrituras junto con un anciano evangelista irlandés llamado Robert J. Cunningham, ahora en el cielo. Me levanté y me alejé para orar solo.

Había estado leyendo uno de los pasajes más secos imaginables de las Escrituras donde Israel salió de Egipto y Dios los dispuso en un campamento en forma de diamante. Puso a Leví en el centro, a Rubén delante y a Benjamín detrás. Era una ciudad en movimiento en forma de diamante con una llama de fuego en el medio dando luz.

De repente me quebranté; Dios es un geómetra. ¡Es un artista! Cuando diseñó esa ciudad, la trazó de manera hábil, en forma de diamante con una columna en el medio, y de repente se me vino encima como una ola del mar: qué hermoso es Dios, y qué artístico, poético y musical, y adoré a Dios allí debajo de ese árbol, yo solo.

Señor, has mostrado tu arte y poesía en toda tu gran creación. Ayúdanos a no perdernos la belleza que nos rodea y, al hacerlo, no perder un aspecto tan importante de tu persona. Amén.

Foto de Katharina Matt en Unsplash


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