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Por: R. C. Sproul.

Este artículo forma parte de la serie «Qué buena pregunta«

Jesús amplía este dicho breve y medular. La medida con la cual juzgamos a otras personas es la forma en que nos arriesgamos a ser juzgados por Dios. Si me falta misericordia y gracia en el trato con otras personas, difícilmente puedo esperar que Dios muestre misericordia y gracia conmigo.

Encontramos la misma idea en el Padre Nuestro: “Perdona nuestros pecados, así como hemos perdonado a los que pecan contra nosotros.” En la vida cristiana debe haber un espíritu de misericordia característico porque nuestra existencia en el reino de Dios está basada sola y exclusivamente en la gracia. Si alguien debiera evitar tener un espíritu crítico, es aquel que ha experimentado la misericordia de Dios.

Cuando Jesús dice: “No juzguen a los demás, y no serán juzgados,” usa una palabra que en su sentido más técnico indica el juicio de condenación. En el Nuevo Testamento encontramos una importante diferencia entre lo que llamaríamos el juicio de discernimiento o evaluación y el juicio de condenación. El pasaje donde Jesús dice: “No juzguen a los demás, y no serán juzgados” no es una prohibición absoluta contra estar consciente de lo que es malo en contraposición a lo bueno o justo. Somos llamados a conocer la diferencia entre lo bueno y lo malo, y eso significa que debemos hacer juicios todo el tiempo —juicios de la fidelidad de mi conducta, de la suya o la de un grupo a los principios de Dios.

A veces la gente se pone muy nerviosa cuando digo: “Creo que es algo que no deberíamos hacer porque sería una violación a la ética.” Alguien podría saltar y decir: “¿Quién eres tú para juzgar? No juzgues para que no seas juzgado.” En la práctica, lo que estamos tratando de hacer es discernir y evaluar el peso ético de una situación. Sin embargo, lo que Jesús está diciendo es que no debemos tener una actitud condenatoria hacia la gente, lo que se llama un espíritu crítico.

Una de las mejores formas que conozco para resolver esto en la práctica es entender la diferencia entre lo que llamamos un juicio con caridad y uno que carece de caridad. Es la diferencia entre lo que vemos al hacer un análisis del mejor-caso y el peor-caso. El juicio con caridad consiste en que yo le doy a usted el beneficio de la duda cuando hace algo que quizás no es obviamente lo correcto, en lugar de interpretar su conducta de la peor forma posible. Lamentablemente, la mayoría de nosotros reserva el juicio con caridad para nuestras propias acciones, y somos mucho más comprensivos con nosotros mismos que con los demás. Es ese espíritu y esa actitud lo que Jesús aborda aquí.

Tomado de ¡Qué buena pregunta! Copyright © 1996 por R.C. Sproul.  


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