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Por: A. W. Pink

Todos los habitantes de la tierra son considerados como nada; y él hace según su voluntad en el ejército del cielo, y en los habitantes de la tierra, y no hay quien detenga su mano, y le diga: ¿Qué haces? Daniel 4:35

Así como un gusano podría intentar resistir el paso de un elefante; así como un bebé podría pararse entre las vías del tren e intentar detener el tren que se aproxima; así como un niño podría tratar de evitar que el océano siga avanzando— ¡así es para una criatura intentar resistir la ejecución del propósito del Señor Dios!

Ah, querido lector, esta es la primera gran lección que debemos aprender: que Dios es el Creador—y nosotros somos la criatura; que Él es el Alfarero—y nosotros somos el barro.

Jehová Dios de nuestros padres, ¿no eres tú Dios en los cielos, y tienes dominio sobre todos los reinos de las naciones? ¿No está en tu mano tal fuerza y poder, que no hay quien te resista? 2 Crónicas 20:6

La soberanía de Dios puede definirse como el ejercicio de Su supremacía. Siendo infinitamente elevado por encima de la más alta criatura — Él es el Altísimo, Señor del cielo y la tierra. Sujeto a ninguno, influenciado por ninguno — Él es absolutamente independiente. Dios hace . . . lo que le place, solo lo que le place, y siempre como le place. Nadie puede frustrarlo, nadie puede detenerlo.

Publicado originalmente en inglés aquí. Traducido por Teología Sana.

*A.W. PinkFue un teólogo, evangelista, predicador, misionero, escritor y erudito bíblico inglés, conocido por su firme postura calvinista y su gusto por las enseñanzas de las doctrinas puritanas


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